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GriezmannGetty Images

Esto no va de Griezmann, esto va del Atlético de Madrid

¿Qué pasa con Antoine Griezmann? Basta ver los partidos del Atlético para entender que el francés trabaja y se sacrifica. Eso es incuestionable. Tanto, como que sus números- goles y asistencias-, están lejos del nivel de un jugador de talla mundial. Antoine llegó como petición expresa de Diego Pablo Simeone. Aceptó Berta y ejecutó Gil Marín. ¿Por qué regresó? No fue por imposición popular, ni por voluntad periodística, ni por cariñitos del vestuario, ni por simpatías familiares, sino por una apuesta personal del entrenador. El resto de la historia es ‘vox pópuli’. El francés explicó al Barça que sólo se iría al Atleti y a ningún otro equipo, ambos clubes pactaron una cesión por una temporada, prorrogable a otra, con una opción de compra que solo será obligatoria si juega más del 50% de partidos donde esté disponible y cuyo importe final, en el caso de que se cumplan todos los bonus pactados, llegaría, como tope, a 40 millones de euros. Que, por cierto, el Atleti no tiene obligación de pagar este verano. Antoine accedió a rebajarse hasta un 40% su sueldo anual, porque en caso contrario, el Atleti no le habría podido fichar. Esa es la verdad

Algunos aficionados y periodistas - el primero, quien esto escribe-, pensamos, a priori, que la petición de Simeone tenía sentido. Se daba por descontado que no se fichaba esa leyenda humana de antaño en el Calderón, sino que se firmaba un futbolista capaz de aportar visión de juego, asistencias y goles. Alguien capaz de potenciar aún más al campeón. Simeone sabía que no fichaba al Griezmann de antes, pero sí una estrella con alma de gregario, un soldado dispuesto a sacrificarse por el equipo y un futbolista capaz de ser determinante en los partidos. Por ahora, los datos, que no son opinables y no se pueden discutir, no mienten: la apuesta no está saliendo bien. La pregunta es ¿por qué?

En primer lugar, porque Antoine, sufrió una lesión que no se puede tomar a broma de la que, además, recayó. En segundo lugar, porque el contexto del equipo no se puede disociar del rendimiento individual del galo. El Atleti está mal y Griezmann no es una excepción. Lejos de jugar en el rol de antaño, por detrás del punta o incluso como delantero, Antoine ha puesto su ego al servicio del equipo, jugando como interior derecho, interior izquierdo o incluso lateral improvisado. Ha hecho justo lo que le han pedido: correr, presionar, replegar, defender y ayudar en coberturas. Siempre y en cualquier circunstancia. Incluso cuando esa tarea le ha venido realmente mal, porque en un equipo con un evidente déficit en el centro del campo y una capacidad realmente pobre para generar llegadas y ocasiones, su faceta solidaria le ha terminado alejando del área y del gol, que es para lo que se le fichó.  

El primero que sabe que Antoine no está al nivel que puede estar es Griezmann. Puede y debe dar más. En asistencias, goles y peso específico en los partidos. Antoine es su primer crítico, sabe que está en deuda con la afición del Atleti y a pesar de que se siente feliz porque está en su casa, no está satisfecho con cómo le están saliendo las cosas. Su lesión, más compleja de lo publicado, le ha frenado. Y la intendencia que necesita el equipo, le ha condicionado. Tampoco se puede ocultar que la afición espera una versión que tarda en llegar: aún no hemos visto ese jugador con chispa, velocidad, precisión y gol.  Simeone confía en que su mejor versión llegue más pronto que tarde, porque el equipo le necesita. Y nadie, ni el crítico más recalcitrante ni el mejor abogado defensor de Antoine, podrían negar la evidencia. La temporada de Antoine, como la del Atleti, está siendo decepcionante. 

No es una sorpresa que los que decían que fichar a Antoine era un error nos lo restrieguen, a diario, a los que creímos que era un acierto. Si pecamos de soberbios, lo merecemos. Mejor perder la razón que la humildad. Tampoco sorprende el júbilo de los que llevan meses esperando a Antoine con la escopeta cargada a la vuelta de la esquina, como si tuviera la culpa de la marcha del equipo. Es el fútbol, es la vida. Tampoco debe extrañar que falten valientes para atizar a Simeone y sobren cobardes para pegar, en el culo de Griezmann, todas las patadas que no se atreven a dar en el trasero del Cholo. Patalear desahoga, pero no construye. Intoxica, pero no suma. Las hojas del calendario avanzan, el Atleti no despega y cuando la porquería se desparrama, unos corren y otros se quedan. Puro Atleti.

Esto no va de Antoine Griezmann. Hace tiempo que es imposible desligar el rendimiento de cualquier jugador del contexto negativo del equipo. Ni él está bien, ni es el único que puede ser señalado. Ni los buenos son tan buenos, ni los malos son tan malos. Hace tiempo que esto no va del cariño o del rechazo que genera el francés, ni de sus detractores o de sus partidarios, ni de obligar a los que le pitan a que le aplaudan o de intentar que los que le aplauden se animen a silbarle. Esta historia ya no va, ni puede ir un minuto más, sobre el eterno revisionismo sobre su regreso, porque eso fue cosa de Simeone. Esto ya no va de culpar a Griezmann de la muerte de JFK en Dallas, ni tampoco de blanquear que apenas lleva 3 tristes goles en toda la Liga. Hace tiempo que no va de eso. Esto va de otra cosa. Esto siempre ha ido, va y seguirá yendo del Atlético de Madrid. Va de un equipo que está mal, va de recoger a los heridos y va de tener claro que la fuerza del Atleti, sobre todo en las malas, está en lo que une a su gente y no en lo que la separa.

Rubén Uría



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