No fue solo una victoria en el Clásico, sino la declaración de una nueva lealtad. A las 2:30 de la madrugada, en un momento en el que todos dormían, el complejo de entrenamiento de Valdebebas se estremecía al ritmo de los cánticos.
Allí llegó José Mourinho, entrenador del Real Madrid, el gran vencedor de la noche del Camp Nou, que se decidió con un 2-1, para encontrarse con un recibimiento que ni los aficionados más entusiastas del conjunto merengue esperaban.
Ya no queda nadie sin convencer. Si había una minoría que dudaba de la utilidad de la segunda etapa de José Mourinho en el Real Madrid cuando llegó el pasado junio, la victoria en el Clásico echó por tierra todas las dudas.
Con un once titular elegido con sumo cuidado para afrontar el difícil duelo, y con una impronta táctica que fue evidente en cada minuto, todos reconocieron su trabajo, y se confirmó lo que ya se daba por hecho: se ha ganado el corazón de todos.
La escena del amanecer del lunes: la crónica completa
La mayor prueba de este cambio radical es la escena que captaron las cámaras del conocido programa "El Chiringuito". Tras aterrizar el avión del equipo procedente de Barcelona pasadas las dos de la madrugada del lunes, Mourinho se dirigió directamente a Valdebebas, donde encontró a unos 100 aficionados esperándolo.
No fue una simple parada pasajera, sino una celebración jubilosa en todo el sentido de la palabra. La afición recibió el autobús del equipo y el coche del entrenador con cánticos y canciones, y cuando Mourinho se marchó rumbo a su casa, no se limitó a saludar con la mano, sino que se unió a los aplausos y tocó el claxon de su coche en señal de homenaje a los aficionados que habían trasnochado hasta el amanecer por él.
El secreto de la unidad madridista
El éxito de Mourinho no llegó de la nada. El entrenador portugués, que afrontó numerosos interrogantes a su llegada, logró cambiar las cosas de raíz con una gestión brillante y extraordinaria, dentro y fuera del campo.
Dentro del campo, fue a través de los resultados y el rendimiento; y fuera de él, a través de sus discursos inteligentes que lograron crear un "enemigo común", ya fuera la prensa o los árbitros, lo que cimentó un frente unido y sólido entre el vestuario y la afición, y convirtió al Real Madrid en un equipo más unido que nunca.
Y la verdad innegable, especialmente tras la decepción de la derrota en el último derbi, es que la afición del Real Madrid vive ahora los mejores momentos de la temporada.
Y en medio de los vaivenes del fútbol, hay una convicción firme en toda la capital de que el equipo posee todos los ingredientes necesarios para volver a los podios de celebración con un gran título de nuevo, tras dos años de ausencia, y solo el tiempo podrá demostrarlo.





