El fútbol es una cuestión de nombres, sí. No es lo mismo que el 9 de un equipo sea Luis Suárez a que lo sea Lionel Messi. Pero, en realidad, lo importante es otra cosa. Tiene que ver con entender el juego como un arte dinámico. Estar parado en un espacio implica que el rival va a saber todo sobre esos movimientos. Ir hacia un lado y otro, en cambio, confunde, genera sorpresas, crea espacios. A Ernesto Valverde le tomó 45 minutos (y todos los días previos que haya usado para preparar el partido) para entender que tenía jugadores que se anulaban unos a otros. Así de simple y primario para un equipo como el Barcelona.
Si se sabía que el Valencia iba a replegarse y salir rápido, aprovechando la pegada de sus lanzadores y la velocidad de sus delanteros, ¿por qué Valverde eligió acumular jugadores? Hasta los 35 minutos de la primera parte, todo se veía demasiado claro en el estadio Villamarín. Messi, estático entre los centrales, no tenía ni un movimiento de sorpresa. Coutinho, el otro delantero, jamás apostó a picar a la espalda de alguno de los defensores, al menos para estirar al equipo y preocupar a los rivales de esa posibilidad. Rakitic, Busquets y Arthur estaban uno al lado de otro mientras se daban pases de 10 metros en el mismo nivel. Sin profundidad. Sergi Roberto fue la última pieza de la debacle. Como casi siempre, termina pisándose con Semedo en la misma función. No genera peligro ni cumple funciones defensivas que valgan la pena. Tibio.
A los 35 minutos fue cuando Rakitic salió disparado de la zona central y empezó a meterse entre los centrales rivales. Así, la referencia de Messi dejó de ser una obviedad. Y pasó a ser una preocupación. De esa manera, el croata empezó a pivotear y darle espacio al resto de los mediocampistas. Pero los problemas siguieron. Porque Arthur no ataca ni una vez al espacio, todo lo hace con el balón en sus pies. O porque los laterales pasan al ataque como si fuera una obligación. Jordi Alba siempre toma la posesión con la única idea de frenarse y tocar hacia atrás.
Cuando Malcom y Arturo Vidal se preparaban para ingresar en el segundo tiempo quedaron claras dos cosas: primero, el brasileño iba a dar algo de desequilibrio en el mano a mano y abrir un poco más a lo ancho. Y el chileno se comprometería en la función en la que terminó Rakitic. Jugó mucho de espaldas, casi de 9, a lo Suárez. Por momentos, lo hizo bien. Por otros, tuvo alfunas dificultades. El otro debate deberá llegar en un tiempo: es un drama para este equipo jugar sin Suárez. La elección del club fue traer a Boateng para reemplazarlo. Lo dice todo.
Messi jugó mejor en el segundo tiempo porque empezó a contar con oportunidades más espontáneas de juego. Aún así, casi siempre se encontró con las mismas barreras: su equipo necesitaba de la inspiración de él para destrabar a un Valencia ordenado y sin necesidad de arriesgar. Los problemas del primer tiempo se transfirieron al complemento: los jugadores que no se mueven generan un estatismo imposible de romper. Ni con el mejor del mundo.




