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Vinicius Real Madrid SevillaGetty Images

El Madrid gana; el fútbol español pierde

Por Jorge C. Picón - El Real Madrid ganó de la única forma que sabe hacerlo en los últimos tiempos: con épica. Eso de las noches mágicas de Champions se llevaron a la liga para que, en un domingo de resurrección, el equipo se sobrepusiese a un 2-0 en el Sánchez-Pizjuán ante un combativo Sevilla y tras una primera parte terrorífica. En la misma, Militao se asemejó más al de sus primeros partidos en el Madrid y Modric se miraba los pies pensando '¿qué me está pasando?'. Incluso Karim Benzema estaba desacompasado, siempre lejos del juego y desacertado.

En la segunda mitad, el Madrid se levantó en armas con un gran Rodrygo. El ex Santos se está convirtiendo en un jugador muy importante. Es el café de un equipo que se queda dormido demasiado a menudo. Gracias a su impacto reaccionaron Benzema, Vinicius o Valverde, que empujaron desde el primer minuto para encerrar a un Sevilla que vivió los 45 minutos finales demasiado cerca de Bono. Rodry, Nacho y Benzema, este último en el descuento, dieron la vuelta al resultado inicial y demostraron que esa mística del Bernabéu puede generarse a domicilio.

Una victoria que es, a su vez, un golpe ya definitivo a la liga. El Madrid deja a Sevilla, Atlético y Barcelona a 15 puntos (los blaugranas, con dos partidos menos) con 18 por jugarse. Demasiada distancia teniendo en cuenta la eficacia de unos y la irregularidad de otros. La 35ª está muy cerca.

Sin embargo, lo deportivo queda en un segundo plano después del esperpento arbitral que ha protagonizado Cuadra Fernández. El árbitro dejó una de las actuaciones más bochornosas que se han vivido nunca en el fútbol español y deja en evidencia que el colectivo tiene un grave problema. No acertó ni una de las acciones importantes del juego y demostró que en lo que a manos se refiere hay falta de criterio y de unanimidad.

Empezó por no señalar una clara mano de Diego Carlos que, si bien fue totalmente accidental, es una de las que tantas veces se han pitado esta temporada. Después, le perdonó la segunda amarilla a Camavinga, que mereció verla por una entrada que no daba lugar a duda. Por si fuera poco, redondeó el desastre señalando una mano de Vinicius tras controlar con el pecho. Lo más grave de esta última es que pudo revisarla durante más de dos minutos en el VAR. La afición del Sevilla celebró la decisión sabiéndose beneficiado después de ver la jugada por el vídeo marcador.

El colectivo arbitral, con Medina Cantalejo a la cabeza, deben mirarse al ombligo y tomar decisiones drásticas. Se necesita autocrítica. Señalar al que lo hace mal, como al jugador al que sacan del once después de un mal partido o como al entrenador al que echan cuando no da la talla. Se me ocurren pocas ocasiones más propicias para dar un giro de timón y demostrar que no hay espacio para el error. Que 'la mejor liga del mundo' debe tener a los mejores árbitros. Que en el fútbol de élite, los errores se pagan. El fútbol español ha demostrado hoy que tiene un punto débil.

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