Francia jugó uno de sus primeros tiempos más flojos en todo el Mundial en la final frente a Croacia. Los Bleus se vieron superados por un rival que dominó las acciones con un juego intenso, que les resultó claramente incómodo: en toda la etapa inicial, el equipo de Didier Deschamps remató solamente una vez al arco. Aún así, se fue 2-1 en ventaja al entretiempo.
El primer tanto francés llegó desde un desvío involuntario de Mario Mandzukic a un centro de Antoine Griezmann desde un tiro libre frontal: el conjunto galo se puso arriba en el marcador sin haber intentado siquiera un disparo. El único tiro a portería llegó con el penal que el propio Griezmann transformó en el segundo grito.
Desde 1966, solamente dos veces había ocurrido que un finalista rematara tan poco al arco en un mismo tiempo: Argentina en 1990 e Italia en 1994. Ambos se habían ido al descanso sin anotar. Y los dos perdieron esas definiciones.

