Semana grande atlética. Primero mordió el polvo el Liverpool - 'Another bites the dust', si lo prefieren- ,después lo hizo el Submarino Amarillo -'Yellow submarine', por seguir con anglicismos-, y el equipo de Simeone, durante meses instalado en la duda y la enfermería, empieza a carburar. Y eso que Paco Alcácer, con un misil tierra-aire, puso un nudo en la garganta de la grada, que no veía mal a su equipo, pero no las tenía todas consigo. El Villarreal, uno de los equipos con mejos historial frente a los rojiblancos, se puso por delante y el personal comprendió que, además de buen juego, el Atleti tenía que activar el botón rojo de siempre, el de la intensidad. Dicho y hecho. El Atlético aceleró, dio un paso al frente y en la duda apareció el custodio de Simeone, Angelito Correa. De revulsivo a capital, el argentino vio un globito de Vrsaljko, atacó el espacio, tiró de picardía y metió la pelota por debajo de las piernas de Asenjo. Correa viejo, partido nuevo. Siete goles y siete asistencias contemplan al Angelito particular del Cholo, al que más de uno tendrá que empezar a llamar de usted si quiere arrebatarle la titularidad.
En el segundo acto, el Villarreal apeló al control y el Atleti le hizo capitular en las áreas. Primero, con un gol de museo de Koke, después de una combinación centelleante entre Joao Félix, Trippier, Correa y el capitán, que entró como una exhalación para culminar una jugada preciosa, llena de magia, precisión y estética. Era el premio merecido para un Atleti insistente, que tuvo fe y también fútbol, y que no se conformó con esa renta. Lejos de caer en su pasito atrás crónico - ese que no es cosa de Simeone y sí reconocen como propio los jugadores-, el Atleti quiso más. Mucho más. Y lo encontró. Los del Cholo siguieron su presión asfixiante, Samu perdió la cartera en el balcón del área y Joao Félix, chispeante en su regreso, batía a Asenjo con un latigazo seco que tranquilizaba al Metropolitano. El "menino" la mandó a guardar, festejó con rabia y dejó un mensaje para los que dudan de su calidad: quiere cerrar algunas bocas.
Con un pistón menos que ante el Liverpool de Klopp - a la fuerza ahorcan-, pero con buena dinámica y mucha ambición, el Atleti sacó adelante un partido que se le complicó de inicio y que, finalmente, fue más plácido de lo que se preveía. Entre otras cosas, porque el Atleti empieza a recuperar síntomas de gran equipo. Vuelve a acostumbrarse a ganar, empieza a recuperar efectivos y por fin, alabado sea Dios, ve portería. Inmejorables. Felipe es un coloso por arriba, Correa es un ángel exterminador en el área, Joao Félix ha vuelto para quedarse y de Koke, del capitán, no hace falta decir nada, porque su mapa de calor habla por él. En izquierda, derecha y centro, defensa y ataque, en repliegue y llegada, en cobertura y último pase, Koke volvió a demostrar lo que es. El mejor cerebro del equipo. El tipo que no tiene sustituto natural. La pieza que hace que el resto funcione. La pausa y la inteligencia. Nadie mejor que él para capitanear un chute de energía necesario para el Atleti, que baila al son de la música de Correa y de las composiciones de Koke. El equipo del Cholo vuelve a conjugar sus verbos favoritos: creer y trabajar. Y ya saben qué suele decir Simeone cuando un equipo es capaz de demostrar ambas cosas...
Rubén Uría

