Después de haber hecho lo imposible por tirar la temporada al contenedor de la basura, el Barça es líder. Y eso, saliendo a incendio por semana. A saber: invierte otra millonada en verano pero el equipo sigue sin jugar bien, luego llega el apagón inexplicable en la Supercopa, después el despido kafkiano de Valverde, más tarde se televisa el fichaje filtrado y frustrado de Xavi, después se ficha un nuevo entrenador que era la cuarta opción del club, también se lesionan Suárez y Dembelé, luego Umtiti acaba en el juzgado, le sucede que Abidal hace de pirómano echando porquería al vestuario, sale al cruce Messi harto de estar harto, luego la directiva colecciona calabazas antes de fichar a Braithwaite, más tarde explota una crisis digital que hace tambalearse a la institución, después varios directivos ponen contra las cuerdas a Bartomeu y por último, tras perder el clásico, Setién confirma públicamente que han pedido perdón a club y plantilla por las formas de su segundo. Todo eso le ha pasado a un Barça que ha recibido jarabe de palo periodístico a base de bien. No han faltado manos para azotar en plaza pública al Barça, porque era muy difícil hacerlo peor y porque la directiva soluciona problemas al tiempo que los crea, donde el equipo sostiene al club y Messi sostiene a todos. Todo eso es cierto. Como lo es que, si uno echa mano de la clasificación, el equipo es líder.
Y esto es así porque el peor Barça que se recuerda es, por ahora, dos puntos mejor que ese Real Madrid cuyos jugadores había resucitado Zidane, un equipo que iba a ganar el triplete, que era un portento defensivo y que sólo sufrió dos derrotas en los 32 primeros partidos de la temporada. Ahora el Madrid ha perdido cuatro de sus últimos siete partidos, encajando al menos un gol en todos…menos ante el Barça. Algunos ya estaban en Cibeles antes de tiempo y ahora resulta que los telepredicadores que lavan más blanco que Ariel, los de “los supersónicos” y los de las cenas de conjura, están descubriendo, a golpe de realidad, el fuego: que el Barcelona pone un circo y le crecen los enanos, pero que el Madrid tampoco está súper, que Zidane está haciendo equilibrios, que los fichajes del Madrid son cartón piedra, que la solidez defensiva se ha evaporado con el pasar de los partidos, que Benzema ya no hace los goles de Cristiano, que Ramos no para de repetir la coartada de la intensidad, que Courtois al que antes mataban es el más fiable de la plantilla y que, por más que lo adornen los alcornoques mediáticos, Vinicius es a Pelé lo que el reguetón es a la música.
La realidad es que, a pesar de la zafiedad del discurso prefabricado y la insistencia de los titiriteros - que ya incluso le dicen al personal qué debe celebrar y qué no-, el Madrid está tan mal como el Barça. O peor. Esa es la realidad. Pueden seguir tomando al personal por abobado, asno, badulaque, estulto, mastuerzo, cretino, memo o necio, pero la realidad es la que es: el peor Barça de los últimos años tiene dos puntos más que el becerro de oro de los teleñecos del régimen. La realidad es que la yihad blanca, desde el anonimato cobarde, puede seguir insultando a los periodistas que no hacen el egipcio con su club, pero el pastel sabe a lo que sabe. La realidad es que los conspiranoicos seguirán teniendo barra libre para culpar al VAR de todos sus males, pero el papanatismo no tapa el sol con un dedo: el Madrid está casi igual que el curso pasado, por más maquillaje que le quiera poner la caverna y por más que el Barça esté en caída libre. La realidad es que la gestión del Barça es horrorosa, pero la del Madrid no es precisamente excelente. La realidad es que el Barça más vulgar está en condiciones de ganarle la Liga al Madrid y que si lo consigue, sería la novena vez en los últimos doce años. Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo y se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Algunos, a golpe de realidad, ahora están descubriendo el fuego.
Rubén Uría
