Goal"Dame una segunda oportunidad. Quiero volver a casa y tengo hambre". Yannick Carrasco charló durante casi una hora con Diego Pablo Simeone. Ambos hablaron con franqueza, intercambiaron puntos de vista y fijaron sus objetivos para completar su regreso al Atleti. El jugador quería salir de China, el exótico e inexplicable destino que él mismo eligió y el entrenador necesitaba un revulsivo que le aportase el uno contra uno que le faltaba al equipo. Carrasco quería volver y Simeone, cuando escuchó de la boca del belga que llegaba para preguntarse qué podía hacer por el Atleti y no qué podía hacer el Atleti por él, accedió. En el club donde segundas oportunidades no siempre son buenas pero siempre están las puertas abiertas, se hizo un esfuerzo económico notable para repescar a Yannick. Primero, cesión. Después, pago de 27 millones de euros. Una cantidad más que respetable que, con el pasar de los partidos, ha pasado de dudosa inversión a negocio redondo.
Hay un Carrasco antes y después de China. Cuando hizo las maletas rumbo a Asia era un talento natural que iba a la suya, un genio díscolo que protagonizó algún roce con los pesos pesados del vestuario. Tenía calidad, regate, velocidad y disparo, pero no asimilaba las condiciones que el cholismo exige: que el esfuerzo no se negocia y que la calidad, sin trabajo, no sirve. Carrasco aprendió la lección, pidió una segunda oportunidad y después de una charla descarnada y sincera, volvió a casa. En el tendido siete colchonero nadie entendió su marcha y tampoco su regreso, pero Yannick se encargó de dar respuesta a cada profecía. Se sacrificó por el equipo, asumió su rol de soldado, aceptó los códigos del vestuario, entrenó como un animal y se adaptó al equipo. Carrilero largo, interior o hasta segunda punta, el belga despegó y logró su propósito: demostrar al personal que es tan buen jugador como parece. O incluso mejor.
No es tan mediático como Joao Félix, ni tan fino como Griezmann, ni tan contundente como Suárez, ni tan impredecible como Correa, pero Yannick es un futbolista espectacular. Clase siempre tuvo, pero ahora es más completo. A su regate maravilloso y su gran zancada ahora le ha sumado rigor táctico, sacrificio, intendencia defensiva, mentalidad ganadora y regularidad aplastante. Si está inspirado es la luz en el cuarto oscuro del Atleti. Si tiene metros por delante, levanta al público del asiento con sus portentosos esláloms, si tiene al rival pegado es capaz de burlarle con una bicicleta, un amago o una finta, y si tiene posibilidad de chutar, primero dispara y luego pregunta. Carrasco ha alcanzado su madurez como futbolista y está cumpliendo todo lo que le prometió a Simeone. Es uno de los mejores fichajes de la historia del club. Y es una especie en extinción, un regateador que devuelve el precio de la entrada. Su regreso ha sido una bendición. Para el equipo, para Simeone y para el propio Yannick. Es muy bueno. Mucho. Mejor de lo que se dice. Incluso mejor de lo que él mismo cree.
Rubén Uría





