Cuando todo parecía perdido, cuando la temporada no podía ir a peor, y en el momento más difícil del club en mucho tiempo, llegóel mercado de invierno para devolver la calma a Can Barça. O eso parece. Enero ha aparecido en el Camp Nou como un salvavidas en el medio del océano, justo cuando el barco azulgrana estaba más cerca de hundirse que de llegar a buen puerto.
Con la Europa League como espantosa novedad, con una plaga de lesiones que arrasó con todo lo que se le puso por delante y que no dio tregua a lo largo del curso, y con un proyecto que todavía está dando sus primeros pasos, el Barcelona de Xavi encontró algo de tranquilidad en la ventana de mercado invernal. Y contra todo pronóstico, la verdad.
¿Confiaba alguien en Dani Alves cuando se anunció su regreso al club? Pocos creían que el brasileño aportaría soluciones a los problemas del Barcelona. O que Adama Traoré fuera a mejorar a un equipo muchas veces previsible e inofensivo. Alves, que ya asiste y marca como azulgrana otra vez, yaha demostrado que debe ser titular. Y a Adama, que se estrenó con asistencia y un buen partido ante el Atleti, le bastaron algunos minutos para hacerle creer al barcelonismo que hay vida sin Dembélé.
También ha sido positiva la llegada de Ferran Torres, ese delantero que nadie imaginó que dejaría al City de Guardiola para llegar al caótico Barça post-Messi. El ex del Valencia es otro que ha comenzado con buen pie su aventura en el Camp Nou, entendiendo la idea de Xavi desde el día uno. El punta español, al margen del gol y de las dos asistencias que registra como culé, sabe cuándo hay que desmarcarse, cuándo tiene que frenar, cuándo ir a recibir el balón, cuándo jugar en corto y cuándo jugar en largo. Cosas que parecen básicas para un futbolista profesional, pero que no las han demostrado todavía Luuk De Jong, Braithwaite o el propio Dembélé. Y que se espera las demuestre también Aubameyang.
Es cierto que es muy pronto para sacar conclusiones sobre el rendimiento de los fichajes del Barcelona, pero ilusión y confianza en salir del pozo es lo único que tienen ahora mismo en el Camp Nou. El barcelonismo reza para que no sea un espejismo.
