EDITORIAL
"No espero ningún favor del Celta" dijo Luis Enrique Martínez tras ganar a domicilio de Las Palmas. Su afirmación es extensiva al Málaga, equipo contra el que el Real Madrid, virtual líder al depender de si mismo para ganar la Liga, cerrará la competición. La única obsesión del técnico azulgrana es "ganar al Eibar", la única forma de lograr hacer válido cualquier presunta derrota del cuadro blanco en los dos partidos que le quedan. Solo así el Barcelona será campeón por tercera vez consecutiva.
Balaídos, La Rosaleda y el destino de Luis Enrique
De todas formas Luis Enrique tendrá puesto un ojo en lo que suceda hoy en Balaídos pues en la misma comparecencia en el estadio de Gran Canaria recordó que "nosotros perdimos allí", en referencia a Balaídos y a La Rosaleda, dos escenarios que distan mucho de ser un escenario idílico. Además, en Vigo esperan con ganas al Real Madrid, pues no han olvidado cómo los blancos rechazaron jugar ahí en su momento tras un temporal que comprometió la seguridad y provocó la suspensión del partido.
Ha llegado, pues, la hora de hablar en el campo y a pesar de que el cuadro gallego no se juegue más que el honor, le tiene ganas al Real Madrid. Su presidente, Carlos Mouriño, ya ha confesado que "soy simpatizante del Barcelona", de lo que se desprende que, si puede echarle un cable al cuadro azulgrana en la lucha por el título, lo hará. Otra cosa es que pueda, pues los blancos van como un tiro y los azulgrana no han aprovechado las últimas oportunidades -léase La Rosaleda, para consolidarse en el liderato. Y así estamos, con un final de infarto en el que el Barcelona tiene las de perder.
