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Ruben Uria BlogGoal

Atléticos, dificultades y oportunidades

Como siempre digo: A llorar, al Carmen. El Atleti no tiene tiempo para quejarse de arbitrajes, de lesiones o de que si la abuela fuma. Lo que tiene que hacer es volcar sus esfuerzos en mejorar. Con titulares o suplentes, con jugadores del filial o con alevines. Y por muy justificado o no que esté el lloro o la excusa, siempre se llega más lejos usando el pasado como trampolín que como sofá. "Este equipo quiere transformar las dificultades en oportunidades. Al menos, así vivo yo". Simeone vive así y durante ocho largos años, su equipo ha sido un reflejo de su energía. Ahora, a pesar de que al argentino es un experto en el arte de escalar escarpadas montañas de dificultad, se enfrenta a un desafío brutal que va a poner a prueba toda su capacidad. Delante suyo, el Everest. Mientras carga sobre sus anchas espaldas el peso de toda la culpa que le atribuye la opinión publicada y parte de la opinión pública – que se parecen, pero no son lo mismo-, mientras se declara máximo responsable de lo que pasa y mientras todo gacetillero aprovecha el cartucho porque durante ocho años la caza no ha abundado mucho, el panorama es tétrico. Como en la serie, los problemas crecen: una planificación deportiva que se vendió como “la mejor plantilla de la historia” (sic), un grupo inexperto, un vestuario carente de líderes, fichajes que no están mejorando lo que había, un equipo sin gol, una eliminación copera prematura y unos resultados pobres en Liga, donde no acabar terceros es, sin duda, un fracaso.

Llueven chuzos de punta y Simeone lo sabe. Hay que culpar a alguien y Simeone es ideal. Y hay que pedir responsabilidades a alguien y Simeone, escudo humano del club en lo bueno y en lo malo, es un blanco fácil. De propina, el curso pasado el Atlético de Madrid tuvo más lesionados que partidos oficiales y esta temporada, el mejor jugador colchonero está siendo “parte médico”, porque el grupo acumula más lesionados que puntos. No importa si es un problema de preparación física – los que hace años decían que el Profe Ortega era un genio son los mismos que ahora le maltratan sin compasión-, de los recuperadores o mala gestión del cuerpo médico. El orden de los factores no altera el producto: Simeone no tiene jugadores sanos. En cambio, el Atleti tiene a la vista un posible patrocinio comercial con Cruz Roja a la vista, porque sus jugadores pasan más tiempo en la enfermería que en el campo. Eso sí, en vez de hacer preguntas incómodas, se culpa a Simeone. Es más sencillo, vende más y como tiene las espaldas anchas, no se quejará. A ropa, que hay poca.

La atmósfera empieza a ser irrespirable. Que el periodismo exige, cada día, cada tertulia y cada partido – cuando ganaba le zurraban y cuando pierde, le despellejan-, la marcha de Simeone, esparciéndola como un veneno, no es novedad. Es normal que protejan su negocio, que quieran acabar con el tipo que amenaza el duopolio y que prefieran un Atleti dócil y comparsa, el de casi toda la vida, que uno que tenga la rebeldía y el compromiso mostrado estos últimos años. El mantra usado es obsesivo-compulsivo: Nos dicen que hay que exigirle más al Atleti – siete títulos en ocho años, habiendo ganado todo menos la Champions-, nos dicen que los últimos años del Cholo son malos – los últimos dos por delante del Madrid en Liga-, nos dicen que es patético eso del equipo del pueblo – término del que según ellos sí podía presumir Bernabéu pero no el Cholo-, y nos repiten, en cada tertulia y programa, que Simeone es el mejor pagado del mundo, cuando Guardiola o Mourinho ganan más, o como si el Cholo no le siguiese saliendo barato al club. Ya lo decía Luis y ahora lo firmaría Simeone: “Máteme, pero no mienta”.

Y luego está la gente del Atleti. Esa que tiene derecho a tener diferentes opiniones, que tiene derecho a criticar lo que le parezca oportuno y que paga religiosamente su abono. Gente que no necesita que nadie les reparta carnés de buenos y malos atléticos, pero gente a la que conviene reflexionar sobre de dónde se viene, dónde se está y dónde se quiere ir. Hay que preguntarse en voz alta si es bueno para el Atleti confundir la crítica al entrenador con el insulto gratuito; hay que preguntarse si es bueno para el Atleti machacar a los jugadores que les tienen que sacar el pozo en el que están metidos; hay que preguntarse si es bueno para el Atleti poner a caldo en las redes sociales a los mismos que llevan ocho años sangrando por esa camiseta; y sobre todas las cosas, hay que preguntarse si es buen negocio para el Atleti destruir todo lo que Simeone y los jugadores han construido con un esfuerzo brutal durante ocho años. Corren tiempos de intoxicación mediática, de juicios exprés, de memes en las redes sociales y de niños rata con ínfulas de nuevo rico. Quizá por eso la gente del Atleti debe empezar a preguntarse, en voz alta, si son capaces de imitar la actitud de Simeone, transformando las dificultades en oportunidades. Y el momento es ahora, porque quizá para mañana sea tarde. Es la hora de los atléticos. Tienen que elegir si quieren apagar el fuego con gasolina o con agua. Deben preguntarse si es bueno para el Atleti desatar una guerra civil o si prefieren permanecer unidos.  Ahogarse en la bilis de las dificultades o afrontar el reto con la valentía de transformarlas en oportunidades.

Rubén Uría

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