A lo largo del camino, Jorge Almirón tuvo aciertos y errores muy notorios. Su virtud principal se llama Valentín Barco. El entrenador le confió la titularidad, también le cambió el puesto a una zona más determinante. Lo mismo hizo con Luis Advíncula, quien lo sacó de aprietos ante Dep. Pereira y Colo Colo. El tercer caso es Cristian Medina, que comenzó a tener mayor relevancia.
El brillo está en algunos momentos de buen fútbol, donde el equipo logra conectar, aunque no convierte; pero el tono general suele ser más conservador. Tanto así que llegó hasta la final sin ganar un encuentro definitorio, cosechando seis empates. ¿No gana, no hace goles? Es verdad. Tampoco pierde ni concede tantos.
Muy probablemente lo más reprochable sea la intervención en los encuentros. La lectura del partido, con los cambios que se realizan para intentar modificar la lógica. Este item lo ha dejado en el foco de las críticas en reiteradas ocasiones y es aquello que lo separa al de los aplausos.