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Ezzedine Ounahi: orgullo de la industria marroquí

El partido de octavos de final del Mundial 2026 entre Marruecos y Canadá no solo celebró la clasificación de los Leones del Atlas, sino que coronó el camino de un jugador cuyo recorrido simboliza un proyecto entero.

Cuando Ezzedine Ounahi levantó el premio al mejor jugador del partido tras llevar a su selección a cuartos con un doblete histórico, no solo celebraba una noche excepcional, sino que callaba a quienes veían su actuación en Catar 2022 como un simple destello.

Hace cuatro años, Luis Enrique se preguntó: «¿De dónde ha salido este jugador?». Hoy esa pregunta ya no existe: todos conocen la respuesta. Ounahi se formó en la Academia Mohammed VI, pero llegó a la cima tras superar rechazos, lesiones y errores, hasta madurar y convertirse en un símbolo de la generación dorada marroquí.

  • Un proyecto histórico

    La historia de Ounahi se entiende mejor dentro del proyecto que ha transformado el fútbol marroquí en la última década.

    Tras años de confiar en el talento innato, Marruecos apostó por la formación y creó la Academia Mohammed VI, clave de este cambio. Allí se trabaja la técnica, el carácter, la disciplina, la táctica y la preparación física y mental.

    En ese contexto destacó un joven de Casablanca con un talento distinto: no era el más rápido ni el más fuerte, pero ofrecía lo que todo entrenador busca en un centrocampista: visión de juego, primer toque y capacidad para superar la presión rival, además de una calma que no se ve afectada por el bullicio de los partidos.

    En la academia aprendió que la inteligencia vence a la fuerza y que decidir bien en el momento oportuno es más valioso que correr sin rumbo, filosofía que ha guiado todas sus etapas.

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  • Cuando el sueño europeo cerró sus puertas

    Como muchos futbolistas marroquíes, dar el salto al fútbol profesional europeo era el siguiente paso lógico.

    Fichó por el Estrasburgo convencido de que tenía el camino allanado hacia la Ligue 1, pero la realidad fue muy diferente.

    Jugó con el filial y, cuando la pandemia paralizó todo, recibió el golpe más duro: no obtuvo un contrato profesional.

    Un golpe que habría acabado con los sueños de muchos, pero Onahi se negó a rendirse.

    En vez de regresar a Marruecos o buscar una opción más sencilla, aceptó el desafío de fichar por el Avranches, de la tercera división francesa, lejos de las cámaras, en campos pequeños y ante poco público.

    Sus entrenadores allí recordaron a un jugador que llegó desanimado pero que siempre era el primero en llegar y el último en marcharse, convencido de que su talento acabaría imponiéndose.

  • Solo dos años... De la tercera división a la élite mundial

    Onahi no necesitó muchos años para demostrar su valía: tras una sola temporada con el Avranches, convenció al Angers para que lo fichara, y fue allí donde el mundo empezó a descubrir a un centrocampista diferente, que no se limita a recuperar balones o a crear juego, sino que combina ambas funciones con una fluidez poco común.

    Su explosión definitiva llegó en Catar.

    Llegó al Mundial 2022 sin ruido y lo terminó como una de las revelaciones, tras ayudar a Marruecos a alcanzar las semifinales, hito histórico para un equipo árabe y africano.

    El partido contra España cambió su vida.

    Ante España dominó el centro del campo, rompió la presión rival una y otra vez y corrió sin descanso. Tras el partido Luis Enrique exclamó: «Dios mío… ¿De dónde ha salido este jugador?».

    A continuación, añadió: «Conocemos a Ziyech, Amrabat y El Nesyri, pero este chico ha estado impresionante».

    No fueron solo palabras en una rueda de prensa, sino el testimonio de uno de los mejores entrenadores del mundo, que lo catapultó de la anonimidad a la lista de los nombres más codiciados en el mercado de fichajes.

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  • Llegar a la cima es lo más difícil

    Si el torneo de Catar le dio a Onahi fama mundial, los años siguientes demostraron que mantenerse en la cima es mucho más difícil que llegar a ella.

    Fichó por el Olympique de Marsella por ocho millones de euros, ante la competencia del Nápoles y el Leeds United, pero la realidad no cumplió las expectativas.

    Los entrenadores cambiaron, las lesiones se sucedieron y sus problemas personales afectaron su rendimiento, hasta que su brillo se apagó.

    Aun así, Onahi no buscó excusas: «No me he esforzado lo suficiente. La temporada ha sido complicada por la lesión y algunas circunstancias personales, pero asumo toda la responsabilidad. No quiero repetir los mismos errores y he vuelto con una mentalidad diferente».

    Esa confesión revela a un jugador que prefiere afrontar la realidad en lugar de huir de ella.

  • Girona... cuando se redescubrió a sí misma

    Cuando fichó por el Girona, muchos pensaron que su carrera iba mal, pues el equipo luchaba por no descender.

    Sin embargo, el técnico Mitchell vio algo distinto.

    Le dio plena libertad en el campo y Onana brilló: se convirtió en uno de los mejores centrocampistas de La Liga, liderando regates, pases entre líneas, creación de ocasiones y conducción bajo presión.

    Mitchell lo resumió así: «Es un jugador excepcional con el balón y muy inteligente tácticamente».

    Onana admitió que el Girona era el proyecto que necesitaba para recuperar la confianza y que eligió el club porque se ajusta a su estilo y le ofrece la libertad que buscaba.

  • Confianza de Wahbi

    Aunque los focos ya no lo apuntan, Mohamed Wahbi sigue confiando en este centrocampista, cuyo valor conoce bien.

    La irrupción de Nael El Ainaoui y Bouadi hizo pensar que su lugar en el once estaba en peligro, pero el técnico marroquí lo veía de otra forma.

    Lo dejó claro: «Ounahi es el que marca el ritmo. Cuando está en su mejor momento, la selección de Marruecos se convierte en un equipo diferente».

    Sus palabras se reflejaron en el campo.

    Ounahi mantuvo su puesto en el once durante casi todo el torneo, hasta que llegó el partido que devolvió su nombre al primer plano del fútbol mundial.

  • El maestro ha vuelto

    Frente a Canadá, Onahi demostró rápidamente su regreso.

    Se movió con soltura, rompió la presión canadiense, creó espacios e impuso el ritmo desde el inicio. Marcó dos goles espectaculares y guió a Marruecos a una victoria 3-0 y a la clasificación para cuartos.

    Tocó el balón 65 veces, ganó seis duelos, regateó con éxito y lideró 14 internadas con el balón.

    Con su doblete se convirtió en el cuarto africano en marcar dos goles en un partido eliminatorio del Mundial, el tercer marroquí en lograrlo y el primer jugador del Girona en anotar en la competición.

    Tras el partido, al recoger el premio al mejor jugador, no habló de sí mismo, sino que dijo: «Estoy contento porque hemos hecho felices a nuestra afición y orgulloso de formar parte de esta generación».

  • Novela de fútbol

    Puede que otros marquen más goles o ganen títulos más importantes que Ezzedine Ounahi, pero pocos reflejan un proyecto futbolístico entero.

    Su caso no es azar, sino el fruto de una nación que invirtió en academias, apostó por la formación y tuvo paciencia hasta competir con las mejores escuelas del mundo.

    Desde las calles de Casablanca hasta la Academia Mohamed VI, de los modestos campos de la tercera división francesa a la pregunta de Luis Enrique en Catar y a la noche de Canadá que llevó a Marruecos a cuartos de final del Mundial, su historia parece una novela.

    Por eso, Ounahi ya no es solo una estrella de la selección marroquí, sino la mejor prueba de que la «fábrica marroquí» no es un eslogan, sino una realidad que crea jugadores que escriben la historia con sus pies y recuerdan que la gloria nace de un proyecto que cree en el futuro antes que en los resultados.

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