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fabregas eternoGetty Images

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El Como es muy fuerte y jugará por el Scudetto

Daniele De Rossi, uno de los entrenadores más interesantes de escuchar en esta Serie A por su profundidad de pensamiento y su franqueza nada banal, anoche habló claro: «El Como es un equipo realmente muy fuerte. Quizá sea el equipo que más me ha impresionado desde que estoy aquí en el Genoa y ha venido aquí, a Génova, a jugar. Aquí, en Marassi, todavía no había visto a un equipo como ellos, tanto a nivel individual como a nivel colectivo».


No son las palabras de un aficionado entusiasta ni de un opinador en busca de titulares efectistas. Son la admisión en caliente, casi involuntaria, de un entrenador que vive el fútbol desde dentro y que, evidentemente, ha percibido lo mismo que los más sensibles de entre nosotros ‘aquí fuera’ han percibido a su vez: el Como es realmente muy fuerte.


Tan fuerte, y queremos afirmarlo para evitar equívocos ya en la tercera jornada, que sobre el campo puede pelear por el Scudetto.


  • fabregas eternoGetty Images

    Y no, no pretende ser una salida de tono ni la clásica herejía de inicio de temporada. Sino una tesis basada en una serie de consideraciones que creemos que es justo hacer desde ya.


    En primer lugar está lo expuesto por el propio De Rossi. El Como es fuerte, tiene personalidad y juega ese fútbol contemporáneo al que tantos aspiran llegar. Punto y final. En casa o fuera. Grande o pequeño, el Como de Fabregas siempre aspira a llevar el partido. Y casi siempre lo consigue. Ya era un hecho la temporada pasada. Lo es aún más este año. Y cuando un equipo sabe qué hacer y cómo hacerlo, logrando a menudo el resultado, ¿por qué no deberíamos tenerlo en cuenta? ¿Por el escudo que lleva en el pecho? De grandes, en el fútbol italiano, en este momento hay sobre todo herencia. Y la media provocación de Chivu sobre AC Milan y Juventus lanzada ayer en rueda de prensa tiene su parte de verdad si se quiere ir más allá de la habitual polémica de bar.


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  • Luego está el componente psicológico y emocional. El Como de Fàbregas es joven, muy joven para los estándares de una Serie A que, con dificultad y apañándoselas como puede, intenta renovarse. Pero esta es una juventud en su acepción positiva. Un descaro, eso es. Es un equipo que juega sin el peso de la historia y que, por eso, se atreve: presiona arriba, vuelve a apretar tras pérdida en cuanto pierde el balón, acepta el riesgo de dejar espacios a la espalda con tal de no desnaturalizarse. Es un fútbol moderno, vertical en las ideas incluso cuando es horizontal en la construcción; y es un fútbol que pone en dificultades a rivales acostumbrados a otro tipo de partidos. No sorprende que De Rossi, precisamente, acostumbrado a leer el juego como centrocampista incluso antes que como entrenador, haya quedado tan impresionado tanto por lo individual como por lo colectivo: es la síntesis perfecta de lo que se ha convertido el Como.


  • El segundo argumento es más prosaico, pero igual de decisivo: la profundidad de la plantilla. Las incorporaciones de Milla y Samuele Ricci en el centro del campo no son simples fichajes de cantidad, sino la potencial respuesta a la resistencia de una línea, el centro del campo, que es una pieza clave en el control que exige el técnico. Tener dos soluciones más listas para dar un poco de descanso a los hombres de confianza de Cesc en esa zona significa un margen más amplio cuando los partidos sean muchos y seguidos. Y en el centro del ataque, la llegada de Moise Kean añade exactamente lo que faltaba: una alternativa real a Douvikas, un perfil distinto por características, capaz de atacar la profundidad y de garantizar goles también cuando los partidos se cierran. No una alternativa ni un titular «por obligación», teniendo en cuenta también el valioso trabajo que realiza Douvikas, sino una solución extra de altísimo valor de la que poder echar mano. Ya sea de inicio o con el partido en marcha. El Como, en definitiva, se ha reforzado. La plantilla no es, desde luego, la del Inter, de acuerdo, pero sí es lo bastante profunda.

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  • Hay luego un factor que, por inmaterial que sea, pesa tanto o más que los nombres de la plantilla: el tiempo. Este es el cuarto año con Fàbregas en el banquillo, y los principios de juego no pueden hacer otra cosa que convertirse cada vez más en automatismos. El Como es un equipo que ha interiorizado una idea futbolística: juega aún más rápido, se equivoca menos, se reconoce incluso en los momentos de dificultad. Esa es, al fin y al cabo, la diferencia entre recitar un guion y vivirlo.


    Sigue estando, claramente, la objeción más obvia, la que cualquiera plantearía ante un club que por primera vez afronta compromisos europeos: la Champions League. «Le quitará energía, dividirá la atención, desgastará físicamente a una plantilla no acostumbrada al doble compromiso». Esta es la principal tesis sobre el Como desde el final de la pasada temporada y durante todo el verano. Desde luego: es un temor legítimo. Pero la historia reciente de nuestro campeonato cuenta una versión distinta de la que se teme.


  • Se decía exactamente lo mismo del Atalanta de Gasperini en su debut europeo. Aquella Dea, en su primera verdadera temporada entre los grandes de Europa, no solo no se vino abajo, sino que llegó hasta los cuartos de final de la Champions League. ¿Y en la liga? Tercer puesto, a una distancia no enorme de la Juventus de Sarri, que ganó el Scudetto, y del Inter de Conte, que terminó por detrás de la Juventus. Nada de desgaste: la doble competición le dio a aquel equipo ritmo, experiencia internacional y hambre. No hay razón para pensar que el Como no pueda vivir la misma paradoja positiva.


    En definitiva, aunque solo estemos al principio, las primeras actuaciones han sido bastante indicativas: el Como de Fàbregas tiene los números, la edad adecuada, la idea de juego y ahora también la plantilla para no quedarse en el papel de “sorpresa” -sorpresa, además, ¿de qué?- de la pasada temporada. Y las palabras de De Rossi no parecen en absoluto un cumplido de circunstancias; más bien, un aviso para navegantes.