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Solari, calienta

11:21 GMT-6 28/10/18
Julen Lopetegui Real Madrid Viktoria Plzen UCL 23102018
El Real Madrid sale arrollado del Camp Nou (5-1) en lo que parece que será el último partido de Lopetegui. Los blancos, a 7 puntos del liderato.

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Era un todo o nada. All in. Órdago a la grande. El Clásico de este domingo era la oportunidad ideal para que los blancos renaciesen tras una nefasta racha de resultados. O en caso contrario, la ocasión que demostraría la indisimulable necesidad de un golpe de timón en el actual proyecto deportivo midiéndote ante uno de tus semejantes. Y a excepción de media hora en la segunda parte, fue lo segundo. Sin discusión. Es más, la primera parte del Real Madrid fue la demostración más patente de que los blancos no estaban. Si se hubieran podido hacer once fichajes en el cuarto de hora que dura el descanso, la mayoría del madridismo lo hubiera aprobado. 

El Barcelona sentencia a Lopetegui

Coutinho fue quien desató la tormenta blaugrana en el primer tiempo con un gol a los diez minutos tras magnífica jugada de un Jordi Alba colosal. Una vez más, el Real Madrid volvía a empezar un partido más perdiendo desde los primeros minutos. Y son ya incontables las veces. Si los anteriores nueve años empezaba siempre ganando 1-0 por la sola presencia de Cristiano, este curso es justo al contrario. Y así, hay que reconocérselo a Lopetegui, es muy difícil poder desarrollar tu fútbol con una mínima tranquilidad, serenidad y confianza.

De ahí que los blancos se marchasen progresivamente del partido conforme iban pasando los minutos. Desubicado, desnortado y sin confianza, el Real Madrid estuvo a merced de los locales, cuyo portero participó más que Benzema hasta el descanso (18 toques frente a 17). En el lado contrario del campo, Luis Suárez marcaba el 2-0 con el primer penalti que ajusticia el VAR en un Clásico tras otra más de Varane. Y si no llega a ser por Courtois, quizás el Clásico podía haber quedado cerrado a las cinco de la tarde. 
No lo logró el Barcelona. Mientras Lopetegui se agarró al único hilo de vida que le quedaba durante el descanso: se intuyó bronca –porque los jugadores blancos salieron infinitamente más enchufados-, y la acompañó de un giro de guión táctico. Si tenía que morir, lo haría matando. Un 3-5-2 con Casemiro de central y Marcelo-Lucas en las alas que permitía a los blancos mayor profundidad, una presión más alta y, sobre todo, poder igualar las fuerzas ante el superpoblado centro del campo culé. Y la llamada a rebato apenas tardó tres minutos en dar sus frutos. Que fue lo que tardó Marcelo en embocar un balón muerto dentro del área. El Clásico estaba vivo de nuevo (2-1). Y Lopetegui también. Más que nunca.

Sin embargo, el riesgo que tiene empezar perdiendo todos los partidos es que por mucho que remes y remes, no siempre es suficiente para llegar a la orilla. Y eso fue lo que le sucedió al Real Madrid en el Camp Nou. En los primeros treinta minutos de la segunda parte, además de por el gol de Marcelo, igualó las fuerzas sobre el campo. Es más, Modric con un remate al palo, así como Ramos y Benzema de cabeza rozaron la igualada. Por momentos, se la estaban mereciendo, superando a los blaugranas. Sólo una pizca más de acierto habría cambiado la película por completo. Pero a falta de cuarto de hora para el final, Suárez finalizó de forma magistral un contraataque llevado por Sergi Roberto para poner un 3-1 en el electrónico que ahogaba ya las esperanzas madridistas. 

Antes del final, y tras un resbalón de Sergio Ramos en el centro del campo, Suárez pondría el 4-1 en el marcador tras batir a Courtois en el mano a mano que le brindó el capitán blanco. No deja de ser irónico. Justo el capitán era uno de los principales apoyos de Lopetegui en el Real Madrid. Y justo ese cuarto gol (además del quinto de Vidal en las postrimerías para un histórico 5-1) fue seguramente la puntilla al proyecto actual. Sin haber cometido grandes pecados realmente en tres meses tampoco, los resultados se han llevado por delante al entrenador vasco. Cinco derrotas en los últimos siete partidos son un balance demoledor para cualquier técnico en la Casa Blanca. Incluso cuando hace nada empeñase su puesto como seleccionador para cumplir su sueño de dirigir al Real Madrid. Una pena por el vasco. Si fuera Solari, estaría ya calentando por si acaso.