Iñaki WilliamsGetty

Sí a Iñaki Williams

Firma Lartaun de AzumendiGoal

Uno de los argumentos más falaces que asoman en las redes sociales y en las conversaciones entre los aficionados es aquel que inveteradamente proclama que cómo va a ponerse en cuestión la presencia de un jugador en el campo (o en determinada posición) “si todos los entrenadores lo han hecho”. Que una decisión se repita una y otra vez durante un periodo no tiene por qué concederle marchamo de idoneidad.

“¿Acaso no saben de fútbol los técnicos que, temporada tras temporada, confían en fulano?”, proclaman convencidos de atesorar el santo grial quienes encuentran en la repetición de decisiones ajenas el respaldo de sus tesis. No quisiera con esta apreciación convertir en falso cada uno de los casos en los que se pretende defender el rendimiento de un futbolista, pero sí deslegitimar el hecho de que la reiteración de cualquier acción, por mucha continuidad que se le otorgue, tenga valor de verdad.

De ejemplos de obstinación errónea –por las razones más variopintas– llevadas a la práctica por un decisor y sus sucesores, está plagada la historia de la humanidad, no ya del deporte o del fútbol en particular. Un error sostenido en el tiempo no convierte a ese desatino en acierto por mor del tiempo transcurrido en su aplicación.

Desde que Aritz Aduriz comenzara su lógico declive físico, Iñaki Williams ha cubierto la inmensa mayoría del tiempo en el Athletic situado en la punta de ataque. Los resultados, desgraciadamente, no han sido los mejores en líneas generales. ¿Culpa del futbolista? Poca o muy poca. ¿De los entrenadores? Seguramente ninguna cuando no contaron con alternativas, pero alta en los momentos en los que se les presentaban otras posibles opciones.

Media Europa fue fijando sus ojos en Bilbao cuando el atacante bilbaíno comenzaba su carrera con los leones. Sus prestaciones no hacían sino crecer desde la banda derecha, hasta el punto de que la dirigencia rojiblanca se apresuró a asegurar su futuro económico sobradamente. Pero al convertirlo en ariete, el interés externo se fue evaporando. No porque Williams no llamara la atención de vez en cuando, sino porque en su nueva demarcación no ofrecía un pack lo suficientemente completo como para que llamaran a la puerta de Ibaigane.

Ahora que Villalibre ha completado una pretemporada notable, la campaña comenzó con el Búfalo en punta y Williams en la banda. Con dos actuaciones más que aseadas, por cierto. Pero frente al Valencia nada supimos del de Gernika y Valverde colocó a Williams como 9.

Sin embargo, la realidad es tozuda y cada vez que el ghanés cayó al costado derecho, fue desde donde más daño pudo hacer al rival. Superó a los contrarios en la línea de fondo, dio algunos pases interesantes que nadie fue capaz de llevar a buen puerto, sus centros fueron medidos... Produjo. Y produjo bien. Ninguna sorpresa en alguien muy capaz de desarbolar en velocidad, por desborde o siendo generoso con el compañero. El mismo que no tiene los argumentos exigibles para quien ha de ver puerta con regularidad y que tampoco tiene el nervio para salirse de fueras de juego clamorosos en estático, como le sucedió ayer hasta en al menos dos ocasiones.

Pero, dicen y repiten: ¿y entonces por qué todos los entrenadores lo ponen ahí? Como si eso fuera símbolo de tino. ¿O acaso ahora, por ese mismo razonamiento, no habría que afear a Valverde que no cuente con Dani García cuando para todos sus antecesores era más fijo que la salida diaria del sol?

Afirmo, y me puedo equivocar, que Iñaki Williams debería jugar en la banda derecha porque años después se sigue mostrando diferencial en ese costado. Además, no es solo el daño emergente de insistir en él como ariete, sino el lucro cesante de no apuntalar con su talento el carril diestro. Veremos en qué acaba quedando el asunto.

Lartaun de Azumendi

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