En un impulso, Chucky Lozano confesó en una entrevista que no vería con malos ojos salir del Napoli. "La verdad que estoy en un club muy competitivo, con compañeros muy competitivos. He crecido mucho en ese aspecto, pero a mí me gustaría ir a un club más grande. Tengo mis objetivos muy claros, me siento en un buen nivel y me gustaría dar el siguiente paso".
Sus palabras pueden parecer con buenas intenciones y llenas de ambición. Lamentablemente, juega en una de las entidades más importantes de Italia, con una fanaticada distinta a las demás.
El cuadro Gli Azzurri fue fundado en 1926, y desde entonces se han consolidado como uno de los cuadros con más prestigio de su país. No pueden presumir las vitrinas de otros como Juventus o Milan, pero doce títulos respaldan su importancia.
Una vez que defiendes con dignidad la camiseta de los de San Paolo, pasas a ser intocable para los aficionados. Sobra decir la influencia que han tenido leyendas como Diego Maradona o en menor medida Careca, Marek Hamsik, Lorenzo Insigne o Paolo Cannavaro.
Su apasionada hinchada se refleja en lo polémico de su presidente. Aurelio de Laurentiises uno de los empresarios más respetados de Italia, siempre observado con lupa por cómo maneja su rumbo.
El mandamás del Napoli no tiene reparos en señalar públicamente el trabajo de sus jugadores o técnicos, criticar a personas de otras instituciones, periodistas o agentes. Negocía muy distinto a como lo realizan todos los dirigentes del futbol italiano y confía ciegamente en su instinto empresarial.
Tomando en cuenta estos dos factores, parecen a todas luces un error las palabras de Lozano en estos momentos. Se podría entender que no se encuentra en un estado óptimo de forma y anímico, perdiendo la titularidad frente a Matteo Politano y disputando únicamente el 51% de minutos hasta el 17 de noviembre.
La adaptación al sistema de Spalletti no ha sido sencilla, y tal y como le ocurrió con Gattuso tiene que pagar derecho de piso para recuperar el puesto como extremo titular. Ha entregado algunos partidos malos y la lesión que sufrió en el verano dentro de la Copa Oro le hizo perderse una parte de la preparación para la campaña.
Como antecedente de la repercusión que pueden causar este tipo de palabras, vale regresar la mente al año 2016. Gonzalo Higuaín era el máximo ídolo en la plantilla napolitana, convirtiendo 71 goles en tres campañas. El gran error del Pipita fue declarar públicamente que deseaba salir, ganándose el odio de la afición permanentemente, recordando que su destino fue la Juventus, un rival histórico de los Gli Azzurri.
La falla está cometida, y ahora Lozano deberá recuperar con goles y buenas actuaciones a unos fanáticos que lo respaldaron y defendieron desde el día 1. Y si su verdadero deseo es salir pronto, mucho tendrá que mejorar para aspirar a un cuadro que él considere de élite.


