Aunque todavía le falta el viaje a Eibar para cerrar la última jornada de LaLiga, para el Barça la temporada ya está terminada. De hecho, el desplazamiento a Ipurua molesta más que beneficia a un equipo que ya no se juega nada y que tiene ganas de irse de vacaciones, reflexionar y afrontar un nuevo curso que vendrá plagado de novedades y de objetivos. Esta próxima temporada será la primera que llevará la firma de Joan Laporta y de su junta directiva. El presidente cogió el club sin margen de maniobra, con tres meses de competición por delante y sin la posibilidad de tomar ninguna decisión que cambiara el curso de los acontecimientos. Las sonrisas volvieron con su carisma explosivo, pero hasta ahora el máximo mandatario culé no ha podido meter mano a la gestión futbolística.
A partir de este instante y ya sin echar la vista atrás para atizar a Josep Maria Bartomeu, el proyecto pasa a ser responsabilidad de Laporta y de los suyos. Pese a que la plantilla, el cuerpo técnico y la masa salarial de todos ellos es imputable a Bartomeu, el que fuera presidente del mejor Barça de la historia vuelve a tener la sartén por el mango y está obligado a tomar decisiones drásticas que no se pueden demorar, principalmente porque más de medio equipo se va a la Eurocopa y a la Copa América en cuestión de semanas. Si Laporta tiene que sentarse con alguien para hablar de su futuro, tendrá que hacerlo pronto. Porque no se imaginan a Leo Messi marchándose a disputar los clasificatorios para el Mundial de Qatar el día 1 de junio, empalmándolos con la Copa América -que empieza el 13- y terminando el torneo sin haber decidido si sigue o se va del Barça, ¿verdad? La Copa América acaba el 10 de julio, diez días después de que el contrato de Messi expire.
Más allá de Messi, que es un cuestión prioritaria, otra decisión clave es la del entrenador. Hace una semana, Laporta se llevó a Ronald Koeman a comer al restaurante Via Veneto, uno de los lugares por excelencia del presidente. Estuvieron hablando sobre los últimos resultados, pero no abordaron su continuidad o su salida. Con la temporada terminada, el presidente debe tomar la palabra y aplicar su criterio. Antes del parón de selecciones del mes de abril, Koeman logró construir el mejor Barça de la temporada. Consolidó el 3-5-2, la defensa concedía menos, Dest parecía ser el carrilero perfecto, Pedri sobresalía cerca de Messi y De Jong se convertía en una pieza relevante en ataque. El equipo tenía hambre e incluso por detrás en el marcador tenía la suficiente fuerza para remontar los partidos en los instantes finales. Con el título de Copa, toda esa mezcla de virtudes colocaban a Koeman en una posición estable para continuar.
Pero el último tramo de la temporada ha sido un auténtico despropósito. El Barça se ha desmoronado y el castillo de naipes ha caído entero cuando la posibilidad de ganar LaLiga asomaba por la ventana. Se ha vuelto a la casilla de salida sin que nadie entienda qué ha pasado aquí. Los blaugrana han vuelto a ser vulnerables, han cometido errores groseros de posicionamiento y concentración, Pedri ha desaparecido, Dest ha caído del once en beneficio de un Dembélé que aporta en ataque a la vez que desorienta a todos en defensa y el equipo parece haber perdido toda capacidad de reacción. Las decisiones desde el banquillo tampoco han sido acertadas, un aspecto comentado también en el vestuario. Ni ha sabido aguantar resultados favorables, ni el conjunto culé ha tenido la destreza de sobreponerse a las remontadas de sus rivales: Granada, Levante y Celta son claros ejemplos. Sumados al empate ante el Atlético y a la victoria en Mestalla, 5 puntos de los últimos 15 en el momento decisivo para ganar el título. Manteniendo el nivel de los meses de febrero y marzo, aun sin ganar LaLiga, la famosa temporada de transición se hubiera defendido y aceptado, pero el final de campeonato ha sido grotesco y el entrenador vuelve a estar ahora discutido.
Y mientras tanto, Xavi Hernández vuelve a Barcelona cargado con 21 maletas. De vacaciones, insisten. También desde el club, que no quieren hablar del egarense en clave de presente. Tampoco de futuro. Nada a comentar de Xavi, que ya rechazó hacerse cargo del equipo cuando Ernesto Valverde fue relevado de su cargo en enero de 2020. Ahora, el excapitán ha renovado con el Al Sadd y estará en Qatar, como mínimo, dos temporadas más, a menos de que Laporta le llame para convencerle de que su sitio es el banquillo del Barça, la gran ilusión de su vida.
Altas y bajas
Otra decisión que deberá tomar Laporta es la de pasar la navaja de afeitar a la plantilla del primer equipo. Sobran futbolistas y, por encima de todo, hay un exceso de salarios. El presidente se ve en la obligación de recortar sin filtros y tendrá que confeccionar una lista de bajas que puede ser traumática. Neto, Junior Firpo, Umtiti, Pjanic, Matheus, Coutinho y Braithwaite tienen pie y medio fuera, aunque el club tenga que imputarse pérdidas por no haber amortizado sus fichajes, pero lo transcendente vendrá cuando hoja corte a alguna de las vacas sagradas, como Gerard Piqué o Sergio Busquets, con los que la junta se sentará según ha adelantado "MundoDeportivo". Sin alguna salida importante, como Ousmane Dembélé, Sergi Roberto o Antoine Griezmann, al Barça se le hará cuesta arriba en el mercado de fichajes. Los precios siguen siendo desorbitados y los sueldos que piden los futbolistas, inalcanzables para este Barcelona. A día de hoy, solamente los Eric García, Sergio Agüero o Memphis Depay, que terminan contrato y no costarían ni un euro, son las únicas posibilidades de mercado de la entidad culé. Si se pretende ir más lejos, habrá que arremangarse. Llega la hora de las decisiones.


