América y un plan de rescate en el medio campo llamado Mario Osuna

América no tiene, ni puede, contar con solo un nombre apuntado en su lista de deseos. Hay cien escritos, pero el que más le convence ahora para reforzar su medio campo es el de Mario Osuna, un 5 como el que suele buscar en sus equipos el técnico Santiago Solari: dinámico, tozudo, alguien que no represente un alto costo para el club y sepa cubrir las necesidades más urgentes. Entre ellas, la ausencia del lesionado Santiago Naveda (rotura de ligamento delteloide del tobillo izquierdo), ausente por los próximos cuatro meses. 

A Osuna le dicen ‘Mono’ desde los tiempos en que jugaba al futbol en una universidad de Culiacán. El apodo se lo puso un amigo -al que conocen como “El Che”- por una página argentina que reproducía escenas de Mario Bros (monomario.com), “diciendo puras tontadas”, dice, en una breve conversación por mensaje. El sobrenombre original era ‘Mono Mario’, “pero después se olvidaron y quedó ‘Mono’ nada más”.

En la reunión del pasado viernes, directiva y cuerpo técnico de las Águilas resolvieron que era necesario competir y no dar ventajas. Eso significa tener al menos tres jugadores por posición para definir titulares, suplentes y una tercera alternativa. “El único jugador que se queda allí es Pedro (Aquino) y considero que es un riesgo muy alto tener solamente a uno”, explicó Solari hace unos días, fiel a su estilo y exigencia en el banco.

En medio de ese rompecabezas, aparece la llegada de Osuna: para competir con Aquino, ser su primer reemplazo y no agregarle ninguna presión extra a los jóvenes que suban de la Sub 20. El mediocampista de 32 años lo sabe y está dispuesto, pero hace falta el último paso para firmar su salida de Mazatlán. “Hay que esperar”, sentencia, sin entrar en detalles ni cruzar la línea de la confidencialidad. La espera, sin embargo, puede terminar en estos días con una oferta formal.

El ‘Mono’, que ganó dos Copas MX con Dorados y Querétaro (2012 y 2016), empezó jugando como mediocampista de contención desde los seis años en su natal Culiacán, Sinaloa. Lo hizo en equipos municipales, estatales y luego nacionales, hasta llegar a una final ante el equipo sinaloense (entonces en Primera División). Tenía 17 y les hizo dos goles, provocando el interés de uno de los técnicos de fuerzas básicas para probarse y participar con los demás juveniles.

Era la época de Sebastián ‘El Loco’ Abreu con los culichis, pero allí, a los 20, debutó profesionalmente en la Liga de Ascenso. Luego arribó Cuauhtémoc Blanco y los Dorados ganaron su primer torneo de Copa, venciendo en penales a Correcaminos (Apertura 2012). Querétaro lo buscó tiempo después, por medio de Adolfo Rios, entonces director deportivo de Gallos, y lo convenció para pelear por el no descenso.

En el camino consiguió su segundo trofeo de Copa, en una final contra Chivas que también se definió desde los once pasos (Apertura 2016). La única cuenta pendiente fue no haber coincidido con su máximo ídolo, Ronaldinho, quien se fue de los Gallos un torneo antes. “No era mi posición, pero me gustaba muchísimo verlo. Jugaba al futbol con alegría y hacía cosas que nadie se imaginaba”, confesó alguna vez Osuna en su etapa con los queretanos, antes pasar al Morelia y convertirse en Mazatlán FC.

Después de cuatro temporadas, ‘El Mono’ cerró su ciclo del club y se despidió de los aficionados por medio de su cuenta de Instagram: “Gracias por todo, @MazatlánFC, te voy a extrañar. Los llevo en el corazón”. Desde entonces, los partidos del sinaloense ocurren detrás del televisor: en familia, con amigos, presionando las teclas del control remoto y esperando la llamada de su representante.

“Vas a jugar en el América”, le dicen los que más lo conocen, como una manera de motivarlo para seguir con su carrera. Sin Naveda y con el costo cero de su contratación, además de la falta de ofertas por Renato Ibarra y Nicolás Castillo -a quienes siguen sin encontrarles equipo-, el último llamado para Osuna puede venir desde Coapa. Sus maletas, mientras tanto, están listas.

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