El resto del mundo aún no se había enterado del enorme aura que rodeaba al fenómeno apodado "Baixinho marrento" (pequeño chulo). Eso cambió en 1988.
Brasil llevó a los Juegos Olímpicos de Seúl una espectacular hornada de jugadores. Futuras leyendas campeonas del mundo como Claudio Taffarel, Bebeto, Mazinho y Jorginho estaban en la convocatoria, pero fue el atacante de tamaño canario quien acaparó la atención.
Romario fue el máximo goleador del torneo con siete goles. Empezó con un doblete contra Nigeria y desmanteló a Australia con un hat-trick en el siguiente partido. Con Alemania Occidental mandando 1-0 en la semifinal, fue él quien marcó el empate en el minuto 79 antes de transformar su lanzamiento en la tanda de penaltis.
Brasil se enfrentó después a la Unión Soviética en la final, donde Romario abrió el marcador a los 29 minutos. Aunque los soviéticos acabaron remontando para ganar en la prórroga, obligando a Brasil a conformarse con la medalla de plata, el joven de 22 años salió del torneo valiendo su peso en oro.
El secreto ya se había destapado. Barcelona y Real Madrid le querían, pero Romario eligió al PSV, campeón de la Copa de Europa, en su lugar.
"Lo más importante fue que nosotros fuimos los primeros en ponernos en contacto con él", dijo el entrenador Guus Hiddink. "Pero sí, unos días después llegaron Real Madrid y Barcelona, y tenían muchos más recursos económicos. Entonces ves a muchos jugadores cambiar de idea. 'Voy a ir al PSV', dijo Romario. Cumplió su palabra, algo que realmente aprecié".
El PSV se topó con Romario en circunstancias insólitas. En el verano de 1988, quería desesperadamente fichar a Marc Degryse, del Club Brugge. Los belgas se negaron a vender, alegando que primero querían cerrar un acuerdo por otro delantero que entonces estaba brillando en los Juegos Olímpicos.
El PSV sintió curiosidad y Kees Ploegsma, el jefe de fichajes del club, despertó a su hijo, un adicto al fútbol, en mitad de la noche para preguntarle quién podía ser ese objetivo misterioso. El tesorero del PSV Harry van Raaij contó la historia: "De vuelta [desde Bélgica], llegamos a la conclusión de que debía de ser el delantero de Brasil. Cuando llegamos a Eindhoven, fuimos directamente a casa de Ploegsma.
"Ya eran las 11.30 de la noche. 'Nuestro pequeño Kees lo sabe, pero ya está dormido', dijo Ploegsma, y entonces despertó a su hijo. 'Oh, ese es Romario', dijo el pequeño Kees".
Hoy en día, la red de ojeadores de un equipo no tiene ningún problema para encontrar imágenes y una gran cantidad de estadísticas sobre jugadores así, pero Ploegsma tuvo que usar otro método poco habitual para averiguar más. Se puso en contacto con la sede brasileña del gigante tecnológico Philips, la empresa fundadora del PSV, para ver si algún aficionado al fútbol que trabajara allí podía orientarle.
"Había allí un gran aficionado al fútbol, y le preguntamos por Romario", continuó Ploegsma en una entrevista con PSV Supportersvereniging. "Dijo que Romario podía convertirse en un jugador absolutamente top".
Romario era igual de ignorante, no sabía nada del club ni de Eindhoven, pero aceptó el traspaso. Le esperaba una sorpresa.