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Jordi Alba BarcelonaGetty Images

¿Y ahora qué? Levantarse o perecer

En Barcelona, la decepción es mayúscula. El barcelonismo se encuentra desconcertado, molesto y triste tras haber tirado por la borda todo un trabajo indecente de aproximación al liderato de LaLiga cuando las opciones eran mínimas a finales de diciembre. El socio y aficionado culé observa, hoy, incrédulo cómo su equipo lanza por la ventana la increíble remontada en el campeonato y se aleja inexplicablemente del título cuando dependía de sí mismo para levantarlo. Además, el partido no era ante el PSG, ni ante el Real Madrid. Era en el Camp Nou y ante un Granada que está completando una temporada extraordinaria -una más-, pero al que debía superar con fútbol y con la intensidad propia de quien tiene un objetivo en la punta de los dedos.

El Barça decidió no competir por LaLiga en una segunda parte de la cuál todo el mundo se hace preguntas. ¿Por qué el equipo no disparó a puerta? ¿Por qué hizo un paso atrás con el 1-0? ¿Por qué abrió las líneas y permitió que el Granada se estirara con facilidad? En resumen, ¿por qué tomó la decisión de dejar de competir con el partido todavía por resolver? El título estaba en juego y el liderato era real. De hecho, durante unos minutos, entre el gol de Messi en el 23 y el empate del Granada en el 64, el Barcelona fue líder provisional por primera vez esta temporada. Estaba allí, no era un espejismo. Pero lo dejó escapar de la manera más insensata: dejando de pelear.

Ni con el empate del Granada el Barça reaccionó. Pecó de suficiencia, de creer que la épica le volvería a ayudar como ya hizo en los Cármenes ante este mismo equipo o ante el Sevilla en las semifinales de la Copa del Rey. Pero sin remar, el gol agónico no llega. El equipo bajó los brazos, se derrumbó incomprensiblemente y dejó de generar fútbol. Varios futbolistas desaparecieron, nublados por la sensación de desazón del conjunto, y ni tan solo Antoine Griezmann levantó la voz como lo había hecho en los últimos partidos. Messi le buscaba, también lo hacía Alba, pero el francés no estaba y el tiempo corría. Y la desesperación por anotar el segundo, sin prácticamente llegar al área rival, acabó comprometiendo la organización defensiva. Así llegó el segundo del Granada, el gol definitivo que pegó como un gancho de derechas Mike Tyson sobre la mandíbula de todos los futbolistas blaugrana. KO técnico.

Incluso Ronald Koeman quedó fuera de combate. Fue expulsado con roja directa por, según el acta, decirle al cuarto árbitro "eres un personaje". Algo que el propio Koeman no consideró una expresión malsonante ni un insulto. Aun así, el técnico holandés no pudo terminar el partido desde la banda y tampoco podrá dar órdenes ni dirigir a su equipo en los próximos y decisivos duelos en Mestalla ante el Valencia y en el Camp Nou contra el actual líder, el Atlético de Madrid. Otra muestra de que el colapso afectó a todos. Ahora, el trabajo de Koeman ya no es tan futbolístico como psicológico. El equipo se fue muy tocado a casa, con el ánimo por los suelos, pese a seguir cerca de la primera posición del campeonato. Todavía hay tiempo y partidos importantes que disputar, pero la derrota obliga al entrenador a levantar la moral de un conjunto que este jueves sufrió un duro castigo del que debe reaccionar en pocas horas. El domingo, el Barça visita al Valencia sabiendo que todo sigue siendo posible. Pero las piernas responden al cerebro y, en estos momentos, la herida sigue sangrando y la cabeza preguntándose qué pasó en la segunda parte. Hay trabajo por delante pero, si el Barça quiere ganar LaLiga, tiene que levantarse de inmediato. No hay tiempo que perder.

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