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Gerard Pique Vinicius Junior Real Madrid vs Barcelona La Liga Clasico 2021-22Getty Images

Vinicius y su piscinazo inexplicable

Quedó en anécdota, pero pudo haber sido clave. Con 0-1, Vinicius recibió la pelota para plantarse solo delante de Ter Stegen. El brasileño encaró y cuando tenía todo a su favor para convertir el gol o regatear al portero del Barça, decidió desmayarse, caer a plomo, como si fuera un saco de patatas, como si le hubiesen pegado un tiro. Vinicius, que incluso en la mejor temporada de su vida tiene serios problemas en la toma de decisiones, eligió lo peor. En vez de buscar el gol, buscó el engaño. Y en vez de buscar empatar, buscó estafar. Se lanzó a la piscina cual Michael Phelps para la sorpresa de Ter Stegen, que ni siquiera le rozó, y el árbitro, atento, no picó. Las repeticiones eran esclarecedoras: Vini podría optar al premio “Razzie” a peor interpretación. "Al agua, patos". Hubo más. Después de tirarse de manera vergonzosa, se encaró con Ter Stegen, con Piqué y se pasó un rato protestando. Dos chapuzas en una. Las dos le retratan y muestran su peor cara: la del delantero que intenta engañar al árbitro y cuando no lo consigue, se engaña a sí mismo encarándose con los contrarios. De propina, se llevó el “vacile” de Eric García con el Balón de Oro. Tampoco le debió hacer gracia. Ahora queda en anécdota, pero nadie sabe cómo habría acabado el partido si Vinicius hubiera marcado o si el árbitro se hubiera tragado el engaño del brasileño. Por cierto, su "desmayo" en el área no mereció cartulina amarilla.

De Vinicius, que está haciendo una temporada fantástica y es uno de los mejores de lo que va de Liga, sabemos que vive en familia, sin fiestas, en entornos sanos y que tiene gente que le da buenos consejos. Precisamente por eso cabe pensar que alguien que le aprecie le pedirá que no repita la imagen bochornosa del clásico. Entre otras cosas, porque durante meses, desde su entorno,  desde el club y por supuesto, desde los foros de sus periodistas afines, se ha exigido más respeto y protección arbitral para Vinicius, porque los rivales le “pegan” mucho. Lo que hizo Vinicius en el clásico tira por el desagüe esas denuncias, porque, siendo cierto que algunos árbitros no le tratan con respeto y siendo también correcto que los rivales le fríen a patadas, con su piscinazo indecente y mal calculado, el jugador ha quedado justo en el lugar donde la espalda pierde su casto nombre. Seguro que Vinicius reflexiona. Los árbitros seguro que ya lo han hecho. Y son de los que cogen matrículas y convierten estas anécdotas en categorías.

Quien esto escribe no tiene ninguna duda de que alguien en el Real Madrid le dirá que no se puede volver a repetir que tener una ocasión clarísima de gol y decidir engañar al árbitro en vez de buscar lo mejor para su equipo. Fue infantil y vergonzoso. Y el Madrid no se lo puede permitir porque le hace daño. Le hace daño al club y le hace daño a la reputación del jugador. Hoy media España le etiqueta como piscinero y viendo las imágenes, tiene motivos para ello. Incluso alguno habrá que repita eso de que es un gesto que va contra el deporte y que es un mal ejemplo para los niños, como se suele hacer con otros jugadores. Conclusión: Hay que proteger a Vinicius de los que le pegan, pero Vinicius tiene que aprender a protegerse de sí mismo. Hay que proteger al fútbol de los que pegan patadas salvajes a los artistas. Y también hay que proteger el espectáculo de los que fingen, engañan y son piscineros.

Rubén Uría



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