Cuentan las malas lenguas que, ahora que expira un año maldito para la humanidad, los atléticos sopesan la posibilidad de fijar una placa en el Paseo de Las Leyendas, a pie el Metropolitano, en honor a Josep María Bartomeu. ¿Motivo? Su inestimable colaboración y servicio en favor de la causa atlética para vestir a Luis Alberto Suárez Díaz con la rojiblanca. Los hechos son inopinables. Basta echar la vista atrás para bucear en la hemeroteca, porque la historia es increíble, pero cierta: Simeone suplicaba contundencia, Gil Marín buscaba desesperadamente un depredador de área y el ex presidente azulgrana, imbuido del más generoso espíritu navideño, les puso en el camino a Luis para hacer posible lo imposible. Viejo, gordo y cojo, decían.
Después de una llamada telefónica (sic) que duró aproximadamente un minuto (segundo sic), la directiva del Barcelona olvidó la historia y se condenó a repetirla. ¿Recuerdan aquella “maravillosa” operación blaugrana cuando le abrieron la puerta a David Villa? Pues Bartomeu tropezó en la misma piedra y accedió a que Suárez visitera de rojiblanco, convencido de que hacía el negocio del siglo. Las terminales afines bendijeron la marcha del uruguayo alegando estadísticas negativas en Champions, como si el resto de sus goles mereciesen acabar en el contenedor de la basura. El poder quería fuera a Luis para romper su sociedad con Messi, así que se le etiquetó como el malo de la película. La operación fue un “regalo” camuflado de traspaso, con unos variables por objetivos (¡colectivos, ojo!) que Gil Marín se sacó de la manga cuando el asunto se enquistó. Suárez se iba con Simeone. Viejo, gordo y cojo, decían.
Dicen que uno sólo valora lo que tiene cuando lo pierde y a medida que han avanzado los partidos y pasado las hojas del calendario, el socio culé ha descubierto el pastel: alguien les dijo que aquella gallina era pollo y cuando han abierto los ojos, en apenas unos meses, han comprendido que les dieron gato por liebre. ¿Es un jovencito? No. ¿Conserva su velocidad? No.¿Tiene un físico de gimnasio, esculpido en piedra? Pues tampoco. Entre otras cosas, porque a Luis Alberto Suárez no le hace falta nada de eso. Nació con un don, el gol. Y mientras los profetas abren la boca para opinar, él se pasa el día vacunando porterías. Centro lateral y dentro. Pared en la frontal y dentro. Balón suelto en el área y dentro. Ave que vuela, a la cazuela. Viejo, gordo y cojo. decían.
Si Peter Griffin tuviera que definir qué ha pasado con Suárez lo haría con su frase favorita: "Zas, en toda la boca". En el Barcelona echaron con malas formas a un goleador de época pagándole dos años de contrato, se lo enchufaron a un rival directo y se lo regalaron por dos duros, sin tener un recambio de garantías para un monstruo del gol. Messi, que habla poco pero al que conviene escuchar mucho, lo definió con precisión de cirujano: "Lo de Luis Suárez me pareció una locura cómo se hicieron las cosas. Se fue gratis, pagándole los años de contrato y a un equipo que lucha por los mismos objetivos que nosotros". Bingo. Queda un mundo por jugar, pero a Luis Suárez se le está poniendo cara de David Villa. Al asturiano le regalaron pensando que estaba en declive, llegó al Atleti, hizo un puñado de goles y campeonó. El uruguayo está siguiendo los pasos del guaje. Viejo, gordo y cojo, decían. Amén.
Rubén Uría
