EDITORIAL
André Gomes no se moverá del Barcelona, que mantiene intacta su fe en él pese a que la afición sigue sin estar convencida todavía. De hecho, el club azulgrana incluso ha llegado a rechazar hasta tres ofertas, una de treinta y cinco millones de euros, para desprenderse del centrocampista. Es una circunstancia, en un contexto en el que el Barcelona busca ventas que permitan sufragar las -carísimas- incorporaciones de Marco Verratti y Héctor Bellerin, que supone toda una declaración de intenciones: con o sin el italiano, el portugués es intocable.
Llegó hace un año, cuando el club azulgrana desembolsó 35 millones de euros, además de otros 20 en concepto de variables -y otros 20 que el Barcelona deberá abonar en caso de que gane el Balón de Oro- y desde la planta noble del Camp Nou se apresuraron en asegurar que se trataba de "una oportunidad de mercado". Y a pesar de que el centrocampista no ha marcado la diferencia, Luis Enrique Martínez le mantuvo como su duodécimo hombre, el futbolista para todo que entraba cuando se caía alguno de los titulares del once inicial. Con Ernesto Valverde su rol no va a cambiar, por lo menos de forma inminente.
Porque el 'txingurri' cuenta con él tanto si llega Verratti como si no. Su buen físico y su buena técnica le hacen ser un comodín en prácticamente cualquier zona del campo a la espera de que acabe explotando y pueda convertirse en un jugador importante también en su posición natural, la de interior. Así, el Barcelona no aceptará ninguna oferta que no alcance los 50 millones de euros. Tal es la confianza tanto del club como del nuevo cuerpo técnico en el centrocampista que no piensan traspasarle.
Y si finalmente llega Verratti, mejor que mejor. Porque, a fin de cuentas, de lo que se trata es de estimular el nivel del equipo, no de rebajarlo ni deshacer los propios pasos en cuanto a la gran apuesta del verano pasado.
