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Valverde Uruguay South KoreaGetty

Uruguay sigue en la era del conservadurismo

4-5-1. Cuando uno aprecia la formación de la Selección de Uruguay es fácil imaginarse que puede ser un equipo competitivo, fuerte en defensa y potente para atacar. Pero, cuando las piezas se disponen en el campo de juego, las cosas cambian. Como ocurrió en Rusia 2018 y en buena parte de las Eliminatorias rumbo a Qatar 2022, la Celeste presentó un esquema excesivamente conservador.

Es excesivo porque, en el caso de este torneo, el conjunto de Alonso parece tener piezas para conseguir un estilo de juego de mayor vocación ofensiva, a diferencia de ser un equipo que solo se propone no sufrir en defensa y ver si puede hacer algún gol de pelota parada.

Darwin Quintero, que podría funcionar como doble 9 con Suárez, jugó de lateral volante, preocupado por retroceder en su zona. Pese a eso, fue el más peligroso, con algún que otro desborde en potencia. Pero hubo muy poco. De hecho, es posible que haya sido el peor partido del Mundial hasta ahora. Sin situaciones, sin peligro, sin emoción.

El sistema en sí no impone una actitud defensiva. Pero sus intérpretes y lo que hacen sí. Bentancur, Valverde y Vecino jugaron como internos, bien juntos, mientras que a sus costados estuvieron Quintero y Pellistri, que no pesó ni desbordó en ningún momento del partido. Suárez quedó aisladísimo y, por otro lado, perdió todos los duelos que tuvo. Por arriba, por abajo, cuando tuvo que rebotar.

Valverde, que metió un bombazo tremendo sobre el final, juega algo atado y le cuesta liberarse para llegar al área y ser decisivo.

En el banco quedaron Cavani, que luego tuvo unos minutos, De la Cruz, que jugó poco, y Arrascaeta, que no entró por limitación física. Lo cierto es que jugando así es posible que a Uruguay no le alcance. Lo cierto, también, es que el equipo sigue en la era del conservadurismo.

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