La crisis del Al-Ittihad saudí ya no se limita a los resultados sobre el terreno de juego o al retraso en el cierre de fichajes, sino que se ha convertido en un estado de desorden administrativo que ha provocado la ira de la afición, que ha llegado a considerar que el club atraviesa uno de sus periodos más difíciles en años, en medio de decisiones contradictorias y crisis económicas que amenazan por completo el proyecto del equipo.
Tras una temporada en la que el Al-Ittihad no cumplió sus grandes objetivos, la afición esperaba un mercado potente que devolviera al equipo al círculo de la competencia, pero lo ocurrido hasta ahora ha dibujado una imagen completamente distinta, cuyo título es el aplazamiento, el retroceso y la retirada de los fichajes, en medio de la ausencia de una visión clara de futuro.
La crisis de liquidez: el origen del problema
El mayor problema dentro del Al-Ittihad parece ser económico antes que deportivo, ya que los datos indican que la directiva sufre una clara debilidad de liquidez, algo que se ha reflejado directamente en sus movimientos en el mercado de fichajes.
Muchos nombres se vincularon con un traspaso al «Decano», empezando por Imam Ashour y Marwan Attia, pasando por Ezzedine Ounahi, hasta llegar a Raphael Onyedika, pero las negociaciones no se tradujeron en fichajes reales, mientras que la directiva se limitó a entrar en pujas que sabía de antemano que quizás no podría cerrar.
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Es más, la crisis llegó a una fase aún más grave, después de que la directiva diera marcha atrás en el cierre del fichaje de Abdullah Radif pese al acuerdo con el jugador, debido a la falta de la liquidez económica necesaria para culminar la contratación, por lo que el jugador acabó marchándose a otro destino.
Un mercado sin resultados
El nombre del Al-Ittihad ha pasado a estar presente en la mayoría de las noticias de fichajes, pero ausente de las operaciones reales, pues cada vez el club aparece como aspirante a un jugador destacado, antes de que las negociaciones terminen sin ningún resultado, ya sea por la debilidad de su capacidad económica, por la indecisión a la hora de tomar la decisión, o por el cambio de prioridades dentro de la directiva.
Este panorama ha generado en la afición la impresión de que el Al-Ittihad negocia más de lo que contrata, mientras que los clubes rivales aprovechan esta lentitud para cerrar rápidamente sus objetivos.
Wiesing paga el precio pronto
La contratación del entrenador alemán Jens Wiesing llegó como el inicio de un nuevo proyecto, pero la realidad indica que hasta ahora no ha recibido las herramientas que le permitan poner en práctica sus ideas.
El técnico pidió refuerzos claros, especialmente en la posición de pivote y de creador de juego, pero la directiva no ha logrado satisfacer estas demandas, de modo que la pretemporada comienza en medio de una clara carencia en algunas posiciones fundamentales.
Y la cosa se complica aún más si el mercado continúa al ritmo actual, porque el equipo podría afrontar la nueva temporada con prácticamente la misma plantilla, pese a que todos reconocen que necesita una reconstrucción.
La afición ha perdido la confianza
Quizás la consecuencia más peligrosa de esta crisis sea la ampliación de la brecha entre la directiva y la afición del Al-Ittihad, pues cada día aumentan las peticiones de cambios administrativos, después de que un amplio sector de los seguidores considere que la crisis no tiene que ver con el entrenador o los jugadores, sino con la forma de gestionar el club y la ausencia de una planificación clara.
Y con la cercanía del inicio de la nueva temporada, la directiva parece estar ante una verdadera prueba: o logra salvar el mercado y devolver la confianza a la afición, o afronta la temporada en medio de un ambiente cargado que podría hacer que las presiones sean mayores que nunca.

