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Daniel Wass Atletico MadridCarrusel Deportivo Twitter

Una cosa es perder y otra, fracasar

Finiquitado el duelo del Camp Nou, con el Barça recontruyéndose y el Atleti deconstruído, las cámaras enfocaron a Daniel Wass tendido en el suelo, completamente roto, tirado en el piso tras haber permanecido en el césped jugándose el tipo para ayudar a su equipo, exponiéndose a una lesión grave, cuando la salud del deportista estaba por encima de todo. Wass, que no se lesionó solo - leyendo algunos "medios" parece que hubiera sido todo producto de un acccidente-, se llevó un golpe tremendo por parte de Ferran Torres. El delantero del Barcelona, que no tenía ninguna intención de lastimar al danés, entró con fuerza, golpeó la rodilla de Wass y el flamante fichaje del Atleti, después de ser atendido por los médicos dentro y fuera del campo, volvió a la batalla jugándose la rodilla sin necesidad. Si Simeone quiso apelar a aquello de Shankly de "esa no es tu rodilla, es la rodilla del Atleti", mal hecho porque no era el día, ni el momento. Ni el exceso de voltios del entrenador, ni el triste momento del equipo justifican que Wass, completamente cojo, deambulase por el campo arrastrándose, todo cuello y dignidad, por un campo donde algunos de sus compañeros arrastraron una camiseta que no se puede arrastrar. Comprendo el calor del momento, pero no se sostiene. Proceso que el técnico se preocupe de su trabajo, pero del cuerpo médico también toca hablar. Wass no debió haber vuelto a jugar, estaba en riesgo su rodilla y si las pruebas dicen que tiene algo serio, tendrá también responsabildad en lo sucedido.

Mientras lo que queda del Atleti pide a gritos "la mesa chica", el escenario donde soluciona sus problemas la familia Simeone, el grupo y el entrenador deberían reflexionar sobre lo que sucedió en el Camp Nou con Daniel Wass. Las imágenes están ahí, los vídeos correrán como un reguero de pólvora, la condena popular será unánime y la erosión de los protagonistas va a ser directamente proporcional a la magnitud de un hecho que jamás debió producirse y que no debe volver a pasar jamás. Seguro que el club se ocupó y preocupó del jugador, seguro que los compañeros hicieron piña con él y seguro que el cuerpo técnico le daría ánimo de puertas para adentro. Nadie lo puede poner en duda. Habrá que escuchar a Daniel, habrá que tener en cuenta la versión del club, los alegatos de Simeone y los argumentos del cuerpo médico, pero en el Camp Nou sólo hubo algo más grave que la enésima derrota del Atleti. Fue ver una imagen dolorosa, patética, que hacía daño a los ojos. Fue ver a Wass ahí tirado, en el suelo, mientras los únicos que se interesaban por su salud eran (chapeau) dos jugadores del Barça. Cabe imaginarse qué pudo pasar por la cabeza del danés tras pasarse cinco minutos aguantando el dolor, completamente cojo, para luego acabar el partido, caer al suelo y que cerca suyo no haya ni un sólo compañero para ayudarle a salir del terreno de juego. Fueron apenas unos segundos, pero todos dolorosos y terribles. El Atleti perdió tres puntos en el campo, pero su verdadero fracaso fue lo que todos vimos con Wass. Esa imagen no se puede volver a repetir jamás. Nunca.

Rubén Uría

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