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Joao Félix Betis Atletico Madrid LaLiga 2021-22Getty Images

Un escándalo con todas las letras

Sigue el circo de Manolita Chén. El Comité Técnico de Árbitros se reunirá esta semana, otra vez según nos dicen, para explicar a los árbitros el criterio de las manos. Antes con Velasco Carballo y ahora con Medina Cantalejo, van de reunión en reunión, cambiando todo para que nada cambie, vegetando en un viaje a ninguna parte mientras pervierten el VAR a su antojo, mientras la calidad del arbitraje se reduce a mínimos históricos y la credibilidad de nuestro fútbol muere. No hay fin de semana que no haya jaleo con las manos. Nadie sabe qué es mano, qué no es mano, qué manos se pitan y cuáles no, porque el criterio, lejos de ser único e independiente, depende de un criterio ético de geometría variable, donde cada árbitro pita lo que le viene en gana. Ni los clubes ni los árbitros tienen la decencia de proponer un cuerpo único de VAR, de carácter independiente, como existe en ligas realmente serias, como la NFL o la NBA. No quieren. No les da la gana. Seguimos buceando entre porquería.

El jardín es tremendo, pero los árbitros se ponen las katiuskas y se tiran, de cabeza, al barro. En la larga fila de excusas de mal pagador y las historias para no dormir, aparece la retahíla de coartadas habituales: la mano pegada, la mano que ocupa un espacio, la mano en posición natural y si hace falta, la mano que mece la cuna, porque en materia de arbitraje, hay dos cosas que no cambian. Primero, que sólo se queja del actual reglamento el equipo que se siente perjudicado. Y segundo, que los árbitros siguen, como Don Erre que Erre, interpretando de manera rígida el reglamento, sin tener en cuenta el espíritu del mismo. Las ‘cagadas’, con perdón, se repiten en el tiempo. A discreción. Este fin de semana se vivió otro episodio circense en Elche. Luego se vivió en Vigo. Y más tarde, sucedió en Sevilla. Fue la constatación de que el arbitraje está enfermo, de que el sistema no funciona, de que han puesto el VAR en manos de incompetentes y de que no quieren que nada cambie, porque están felices poniendo el cazo mientras meten la zarpa. 

Lo de Sevilla. Anoche Joao Felix se disponía a controlar una pelota dentro del área. Le seguía Sabaly, jugador del Betis. Cuando el futbolista del Atleti se disponía a controlar, el bético metió la mano, palmeó la pelota dentro del área y el colegiado pitó saque de esquina. Perdón. Ni eso. Pitó saque de puerta. Cuadra Fernández, el árbitro del partido, no apreció la jugada. Lógico. Era un lance rápido, ambos jugadores estaban de espaldas y no era nada fácil apreciarlo. El error humano. Perfecto. Da la casualidad que ninguno de sus asistentes apreció tampoco una mano tan absurda como clara. Otro error humano. Perfecto. Sin embargo, el córner no se sacó inmediatamente, sino que se esperó durante bastante tiempo. En ese intervalo, mientras las repeticiones le ofrecían a los telespectadores de toda España y de medio mundo, una mano como una catedral, en el VAR estaba el señor Iglesias Villanueva. Un señor que perdió la categoría para arbitrar en Primera y al que, como premio, vayan ustedes a saber qué, le colocaron en el VAR.

Bueno, pues después de que los espectadores vieran, una, dos y hasta tres repeticiones la jugada, que no dejaba lugar a la duda porque hasta un ciego pudo ver que era una mano tan tonta como clarísima, el VAR se inhibió. El único trabajo de Iglesias Villanueva era mirar el monitor y con hasta tres repeticiones de la jugada, se la pasó por el forro. Si peritó la jugada, alguien debería preguntarle cómo es posible que él no vea mano ahí. Si no estaba viendo las imágenes, alguien debería decirle que su trabajo consiste en eso. Y si vio la mano y decidió no avisar al árbitro porque eso no le parecía un error manifiesto, hizo un flaco favor al arbitraje y de propina, estafó a los aficionados. ¿De verdad este señor puede volver a estar en el VAR? ¿Hay derecho? ¿Pero qué están haciendo ahí dentro? Se han cargado una herramienta magnífica, la han pervertido y la han convertido en un lodazal infame. Los árbitros siguen jugando a ser juez y parte, delegado sindical y empresario, mientras los clubes siguen sin querer arreglarlo para que los árbitros sean los malos de la película. Perfecto. Seguirán las quejas de todos. Un día perjudicarán al Madrid, otro al Betis, al otro al Barça, al otro al Atleti, al fin de semana siguiente tocará el Cádiz y cuando no, el Rayo. A ropa, que hay poca.

 Les da igual ocho que ochenta, que ochocientos cincuenta. Que siga la fiesta. Eso sí, lo que pasó anoche en el Villamarín no fue una mano cualquiera. Fue la prueba evidente de que nos mean y dicen que llueve. Lo de ayer marca un antes y un después. Importa un bledo si la jugada influyó en el resultado final o no. Cero. Lo que pasó no puede volver a pasar. Fue algo intolerable, insoportable y denunciable. Los periodistas deportivos solemos usar la palabra escándalo con demasiada frecuencia. Incluso con ligereza. Pero que nadie se engañe, lo que se vivió anoche en Sevilla fue un auténtico escándalo. Con todas las letras. 

Rubén Uría



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