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Antoine Griezmann Valencia Barcelona LaLiga 25012020Getty

Un Barcelona agotado


OPINIÓN

No hay que buscar excusas, este Barcelona no da para más. El problema no era Ernesto Valverde y tampoco lo es Quique Setién. Pero siempre es más fácil cargarle el muerto al entrenador que a jugadores que han dado tanto. Pero que, de nuevo, ya no dan la talla. Exceptuando a Marc-André Ter Stegen, Frenkie De Jong y un Antoine Griezmann al que le piden cosas que no ha hecho en su vida, la columna vertebral del Barcelona la forman jugadores que superan los treinta años. Jordi Alba, Gerard Piqué, Sergio Busquets y Luis Suárez ya no son lo que eran y si no estuvieron a la altura en Europa en las últimas dos temporadas ¿qué hace pensar que lo harán en la presente?

Existe cierta tendencia en Barcelona, la más presidencialista, que vive inconscientemente como si esta no fuera la época de Messi sino la de Romerito, como si cada título que no se gana con el rosarino no fuera un título malogrado, como si el reboot triunfal con Frank Rijkaard, Pep Guardiola y Luis Enrique Martínez, de la mano del mejor Leo Messi, no hubiera sucedido nunca y el equipo siguiera anclado en el pasado, acostumbrado a victorias morales para poder culpar luego de todos sus males a estamentos federativos, a los árbitros y hasta a las inclemencias del tiempo. Pero nunca se asumen los propios errores y en la era de Messi duele especialmente hacer las cosas con tan poca visión. 

El rosarino ha tapado muchas malas decisiones, fichajes millonarios pésimos fruto de las ganas de traer cromos más que de construir un equipo, esperpentos institucionales como la misma despedida de Valverde o los reiterados fails de las diferentes direcciones deportivas -cuatro en los últimos cinco años- que ni han sentado las bases de la estructura deportiva, otrora innegociable y hoy tan postiza, ni han servido para renovar el equipo. Se amontonan figuras mientras el juego se desvanece y, lo que es peor, el Real Madrid acumula coronas europeas aplicando un librillo muy parecido al que no hace tanto era motivo de orgullo en Barcelona.

Mientras, los periodistas nos distraemos atizando al entrenador de turno, obviando que hay una serie de jugadores a los que no les apetece hacer según qué y que dan muestras de pensar que ganarán con la gorra mientras nadie, ni en chándal ni en americana, les estimula o les marca límite alguno ni en lo deportivo ni en lo profesional. Dicho de otro modo, el Barcelona de hoy es consecuencia de las decisiones que se han tomado en el último lustro, más pendientes de las encuestas que de una realidad deportiva que ha exigido cambios drásticos sin que haya aparecido nadie que los ejecutara.

Huérfano de un liderazgo firme como anda el club, tengan por seguro que esta semana caerá algún fichaje, mera carnaza mediática para tapar las citadas miserias y que moleste lo menos posible a las vacas sagradas. Pero los males son estructurales. Eso no lo arregla un Mbappé o un Haaland y mucho menos un Rodrigo. El Barcelona ya estaba fichando Coutinhos y Andrés mientras el modelo se agrietaba y hoy ya no basta con poner cemento, hay que asegurarse que las vigas que todo lo sostienen vuelven a ser de primera calidad. La decadencia del equipo se filtra por todas partes y pensar que la solución es traer a un nueve solo alargará la agonía. Eso sí, que nadie se sorprenda cuando el próximo baño de realidad nos venga a recordar que este es un equipo agotado. Mirar hacia otro lado, seguir con la mascarada como hasta ahora, no hará más que empeorarlo.

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