GoalNo son pocos los que aún se van a la cama sin probar bocado las noches en las que su equipo hinca las rodillas ante el rival de turno. Confieso que según pasan los años, y ya van siendo demasiados los que van quedando atrás, se me hace más difícil ponerme en los zapatos de los que así se sienten ante una derrota. Me salva a la hora de empatizar con ellos, que uno también fue un hincha irredento antes que analista del desaguisado febril y cambiante que resulta el fútbol.
No han transcurrido sino tres semanas desde aquel 17 de abril en el que una abrumadora marea rojiblanca tiró la toalla europea de su equipo y se fue haciendo a la idea de que serían a no mucho tardar las elecciones las que salpimentarían las conversaciones entre los parroquianos de San Mamés. Caer ante el Celta en Bilbao era la parada final de un cuento de la lechera a la que otro año más se le había roto el cántaro antes de llegar a su propósito final.
Ese conformismo, tan imbricado desde hace tiempo en el Botxo, ha ido palideciendo cuando se han dado al alimón dos factores necesarios: victorias del Athletic (en Cádiz y frente al Atlético) y resbalones de Villarreal y Real Sociedad. Si tras el descalabro frente a los Coudet, los leones se encontraban a 4 puntos de los de Emery y a 10 de los de Alguacil, hoy sábado –con el encuentro ante el Valencia aún por disputar y sin que el Villarreal haya jugado– tiene a los groguets a un solo punto y a la Real a 5... solo dos jornadas después.
De tal guisa que los de Marcelino dependen enteramente de sí mismos para conseguir una plaza europea, haga lo que haga cualquiera de sus rivales. Parece magia... y en cierta manera lo es. Porque ¿quién en su sano juicio habría apostado una cena a favor de los rojiblancos hace solo 21 días? Se podrían haber contado con los dedos de las orejas. Yo, desde luego, no daba un real por que pudiera presentarse semejante panorama. Y no porque en el fútbol no pueda pasar casi de todo, sino porque el Athletic de los últimos años ha dado muestras de encogerse en casi todas las citas de pierde/paga.
Lo que nos lleva a poner en perspectiva lo que ahora tiene el técnico de Careñes entre manos: la posibilidad de que su equipo viaje por Europa la temporada que viene. Eso sí, para ello tendrá que acercarse lo más posible a un pleno en los cuatro choques que le restan: Valencia, Granada, Osasuna y Sevilla, con solo los dos conjuntos andaluces jugándose algo hoy en día.
¿Será capaz el renacido león de llevarse el cadáver de la mayoría de sus presas con la espada de Damocles de la responsabilidad pendiendo sobre su cabeza? Esa es la cuestión que comienza a dirimirse esta misma tarde frente a los de Bordalás ante sus fieles.
El circo romano, el mismo en el que murió devorado el mártir San Mamés hace siglos, será el que lleve al César de las gradas a señalar más pronto que tarde con el pulgar hacia arriba o hacia abajo. ¿Europa o Ibiza? De momento parecen estar más cerca del continente, pero queda un mundo todavía.
Lartaun de Azumendi


