EDITORIAL
La mayor presión en la eliminatoria copera ante el Real Madrid es para el Barcelona en tanto y en cuanto que cualquier tropiezo puede suponer un mazazo a la buena trayectoria que ha mantenido el equipo de Ernesto Valverde desde el pasado mes de diciembre, cuando apenas ha concedido dos empates -uno estéril en Champions League- y dos derrotas en los quince partidos que ha disputado, con el 6 a 1 al Sevilla de por medio. El Real Madrid, por contra, lo fía todo a la competición europea y jugará la eliminatoria contra el Barcelona con menos que perder.
Y ello no significa que no haya mucho en juego o que la presión que sufrirán los blancos será nula, porque jugarse ante el eterno rival el pase a una final, da igual que sea de la Copa del Rey o del Trofeo Carranza, genera siempre sensaciones no aptas para cardíacos. Pero el Barcelona no tiene la confianza al máximo todavía, como se ha visto en los últimos partidos. Cuando faltan pesos pesados de la talla de Leo Messi, Sergio Busquets o Gerard Piqué el equipo suele sufrir mucho más de lo que debería. Tampoco el Real Madrid ha hecho mayores méritos, pero es en estos momentos cuando cabe tener más cuidado con el cuadro blanco, porque igual que se relaja fácilmente también carga el espíritu con mucha facilidad.
Es por ello que el Barcelona tiene una presión superior, sabiendo que además tiene a tiro alcanzar la quinta Copa consecutiva, algo que no ha logrado ningún equipo en la historia del fútbol español. Medirse a un Real Madrid en clara recuperación y que viene de recortarle dos puntos al Barcelona en la Liga -vive con ocho puntos menos en estos momentos- asegura emociones fuertes y permite pensar en que cualquier despiste puede insuflar carros enteros de moral a un equipo blanco acostumbrado a vivir en permanente estado de def con dos y que hace de la resistencia moral una de sus mayores armas. Cuidado con resucitar al muerto blanco.




