Suiza y los hijos de los refugiados

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El combinado helvético ha hecho de la integración su fuerza y se presenta al Mundial con un equipo con ascendencia balcánica, africana y hasta latina.


EL MUNDIAL Y LA POLÍTICA

Nunca la integración puede ser un problema. Eso es algo que en Suiza tienen clarísimo. El país más montañoso de Europa ha demostrado que no tiene complejos a la hora de abrir sus fronteras para dar cobijo a personas corrientes que huyeron de las guerras que sacudieron buena parte del mundo durante los últimos años del siglo XX y que eligieron un país que ha hecho de la neutralidad su mayor fuerza. Ya en los años cuarenta logró mantener su estatus y evitar que la Segunda Guerra Mundial devastara sus calles, algo que ha mantenido hasta nuestros días, cuando se presenta al Mundial con una selección en la que dos de cada tres de sus jugadores tienen ascendencia extranjera.

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Ocho ni siquiera han nacido en Suiza y pocos, muy pocos, tienen un origen en común. Lo que les une es el pasaporte que les dio la posibilidad, a ellos o a sus padres, de escapar de la guerra de los Balcanes, de la rebelión en Albania de 1997 o de la miseria en algunos países africanos. Es el caso del portero Yvon Mvogo, del defensa François Moubandje y del delantero Breel Embolo, todos ellos nacidos en Camerún y emigrados al país de los Alpes siendo niños. Embolo incluso recibió la ciudadanía hace solo cuatro años. Johan Djourou, a su vez, nació en Costa de Marfil para ser adoptado por la primera esposa de su padre biológico antes de marcharse a vivir a Suiza. Manuel Akanji, por su parte, es un mestizo hijo de nigeriano y suiza igual que Denis Zakaria, hijo de padres de Sudán del Sur y Zaire, sin olvidar que Gerson Fernandez nació en Cabo Verde. Estas situaciones también las comparten, total o parcialmente, las estrellas del combinado helvético.

Granit Xhaka, sin ir más lejos, es hijo de una familia albanesa originaria de Serbia y cabe recordar como su hermano Taulant eligió defender los colores de Albania. Xhaka, sin embargo, nació en Basilea mientras que Valon Behrami, otro de los cracks de la selección helvética, lo hizo en Kosovo para irse a vivir a Suiza a los cinco años igual que hicieron los padres de Xherdan Shaqiri, que también nació en el microestado balcánico para emigrar cuando no había cumplido ni un año todavía. Blerim Dzemaili, a su vez, nació en Macedonia en el seno de otra familia albanesa para irse a vivir a Suiza con sus padres siendo un crío. La guerra en los Balcanes sacudió el territorio y a sus gentes de una forma muy violenta y los que emigraron acabarían encontrando su propio camino en una Suiza que jamás los segregó.

Pues también los delanteros Haris Seferovic y Mario Gavranovic, ambos de ascendencia bosnia, nacieron en los Alpes después de que sus familias abandonaran su tierra a raíz del conflicto armado que culminó en la disolución de Yugoslavia tras once años de enfrentamientos, igual que le pasó a la familia del también delantero Josip Drmic, hijo de croatas emigrados como Ivan Rakitic, aunque en su caso el barcelonista elegiría competir bajo la bandera de Croacia. De todas formas no todos tienen el origen en la antigua Yugoslavia y África, pues también hay latinos. Ricardo Rodríguez es hijo de español y chilena. No hay ninguna selección en el Mundial que represente la integración mejor que el combinado suizo, que recuerda al mundo que abrir sus fronteras a extranjeros solo trae beneficios.

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