A Hirving Lozano, varias veces se le ha recriminado que no pase la pelota a sus compañeros. Es uno de los aspectos que en un comienzo le costó ganarse la confianza del técnico del Napoli, Gennaro Gattuso. Se lo ha ido quitando de a poco. Irónicamente, ahora le ocurre lo contrario: como sucedió en el duelo ante el Spezia.
Al mexicano, esta vez le faltó un poco más de individualismo de cara al marco. Dispuso de numerosas oportunidades en las que no tomó la mejor decisión, dado que prefirió apoyarse en alguien más en lugar de definir él.
Su comunión con Lorenzo Insigne es muy buena. Ambos se entienden, a pesar de ser elementos parecidos en ciertas características como el cambio de ritmo, la velocidad y que no tienen físicos prominentes. Por eso, el Chucky lo busca cada que puede. Pero, en esta ocasión, el italiano falló cuando le puso en bandeja la pelota.
Fuera de esas acciones, donde sí hizo lo correcto, en el resto pecó de dadivoso cuando retrasó el esférico para compañeros que recién llegaban como Piotr Zielinski, Andrea Petagna, entre otros.
Aunque lo alinearon de falso '9', posición en la que sufrió con Carlo Ancelotti, al canterano del Pachuca no le costó eso, porque se adaptó. Incluso, mostró sacrificio táctico y recuperó pelotas presionando al arquero Iván Provedel. Le falló el último toque. Quizás escuchar menos los gritos de Gattuso. Preocuparse por anotar, si se le presenta la situación.
Lozano todavía necesita entender cuándo jugársela él solo o cuándo acudir a alguien más. Y que ambas pueden complementarse, no usar siempre la misma resolución ni abusar. Una tarea con la que seguramente Rino lo molestará bastante en estos días. Todo sea para que siga evolucionando e incorporando nuevos recursos.

