+18 | Publicidad | Aplican Términos y Condiciones | Juega con responsabilidad | Principios editoriales
Diego Maradona 25112020@franpuchulu

Se murió Diego, se murió el inmortal

Mariano Funes había tenido un accidente de moto en la Navidad del 2012. Estuvo dos meses en estado vegetativo. En enero de 2013, su hermano, Diego, fue a visitarlo con algunos amigos. Los médicos, según se revelaría más tarde, no eran optimistas acerca de su recuperación, pero le recomendaron a sus familiares que le hablen para que su cerebro se active a través de voces conocidas. Hubo charlas, pero no se les ocurrió mejor idea que hacerle escuchar el relato de Víctor Hugo Morales del gol de Maradona a los ingleses. Y Mariano reaccionó. Un milagro.

"Hay que agradecerle a Dios, no a mí. Yo podría haber errado ese gol". ¡Qué coraje! El autor del milagro, el tipo que trajo a una persona de la muerte, decía que eso no era obra suya. ¡Encima, decía que podría haber fallado! ¿Cómo iba a fallar? 

"Yo te la regalo ser Maradona, eh", expresó alguna vez. Ser Maradona era ser Dios ante los ojos del resto de los mortales. Era convivir con la omnipotencia, para bien y para mal. Era encarnar la inalcanzable perfección. Era ser paradigma.

Pero ser Maradona era también convencer a esos mortales de que era tan mortal como ellos. De los límites de su propia potencia, de su propia imperfección. Era convencerlos de que no era Dios, aunque le adjudicaran milagros a su nombre.

Se murió el que siempre resucitaba. El que volvía cada vez que decían que no iba a volver. El que hacía sentir que todo podía pasar. El parecía que no iba nunca a dejar de gambetear.  

Se murió el inmortal. Se murió eterno.

Anuncios

¿TE HA GUSTADO ESTA HISTORIA?

Añade GOAL.com como fuente preferida en Google para ver más de nuestras noticias

Sigue a GOAL en Google