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bernardo espinosa barcelona espanyol 09072020Getty

RCD Espanyol: Volver a empezar

Uno de los peores días de mi vida, como periodista y como aficionado, fue cuando descendió el Atlético de Madrid. Aquel día perdí un trabajo - para la empresa no era rentable cubrir la información del equipo en Segunda- y sentí un golpe helado. Una puñalada profunda, un dolor inolvidable, una sensación de amargura tan profunda que jamás se la desearías a nadie. Ni siquiera a tu peor enemigo. Aquella noche fue imposible conciliar el sueño. No pegué ojo. Dolía el alma y por doler, dolía hasta el aliento. A la mañana siguiente, volvió a renacer en mí el orgullo por los colores que siento y los valores que me inculcaron, pero aquella noche fue un tormento. Precisamente por eso, por aquel dolor que, de vez en cuando, regresa a mi mente para saborear todo lo bueno que llegó después de aquel momento, sólo soy capaz de sentir empatía por los aficionados del RCD Espanyol. 

Al calor de las redes sociales, vertederos de opiniones exprés y de ponzoñas on line, se agolpaban diferentes emociones y sentimientos encontrados. A un lado, los que rememoraban lo mal que se habían sentido ellos cuando su equipo había bajado. Al otro, los que suelen enseñar la patita en la desgracia ajena. Expertos en hurgar en la herida, en alegrarse del mal ajeno y en juzgar con dureza al prójimo: culpando a toda una afición por cuatro idiotas o festejando el hachazo a un equipo que consideran filial del Real Madrid, como si el dolor ajeno fuese un título. Nada como el fútbol para retratarse. Nada como el fútbol para construir un relato de la vida. Allá cada uno con sus ansias de miseria o con su granito de solidaridad. 

En enero de 2016,  el señor Chen prometió confiar en los técnicos y que el Espanyol estaría en Champions en tres años. Cuatro años después, el club está en Segunda. Ha necesitado cuatro entrenadores diferentes para ganar cinco partidos y ha terminado con el director deportivo en el banquillo. Se han cometido todos los errores que un club puede cometer y este descenso es la crónica de una muerte anunciada. ¿Y ahora, qué? Pues ahora toca volver a empezar. El Espanyol debe dar por agotado su cupo de lamentos, quejas, excusas y perdones. Anoche su derrumbe fue oficial en casa del eterno rival y eso ya es historia. Ahora, esta mañana, en plena zona cero, los pericos van a tener que apelar a su orgullo y sentimientos: toca levantarse del suelo, aunque no se tengan fuerzas, toca unirse, corregir errores, aportar soluciones y volver a construir el futuro. Nada duele más que un descenso. Y nada une más. Ánimo. 

Rubén Uría

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