Nadie vive del pasado, pero tampoco se puede borrar: con un mérito incalculable, el Atleti salió campeón ocho veces en los últimos diez años gracias a Simeone, forjó un grupo irrepetible de jugadores y fue un equipo molesto. Su identidad: defensa impenetrable, intensidad brutal y contragolpe letal. No tenía los mejores jugadores que el dinero podía pagar, pero sí arrestos y fútbol. El presente tampoco se puede borrar: año a año, aquel Atleti feroz, agresivo y eléctrico ha mutado en un Atleti tierno, acomodado y sin energía. Tiene jugadores de presunta calidad, pero no tiene equipo. Es un grupo estresado, aburrido y superado. Sin norte y sin plan. Un equipo al que le está pasando lo peor que le puede pasar a un grande. Dejar de creer y aburrirse de sí mismo. El Atleti se ha cansado de ser el Atleti.
Ante el Madrid, más allá de la pereza mediática de costumbre y las polémicas artificiales de todo a cien, salpimentadas de bailes y racismo, ofreció una conclusión: al Atleti no le da para más. Si antes miraba a la cara al Madrid, ahora está lejos de ese nivel. El Madrid es más físico, más talentoso, más maduro y más equipo. Su visita al Metropolitano, más allá de 15 minutos bulliciosos y del ambiente de la grada, fue un paseo por el parque. Tocó, marcó y ganó. La pregunta es ¿por qué? Pues porque el Atleti ya no es el Atleti. Simeone, que es la figura más importante de la historia del club junto a Luis, está cada día más lejos del cholismo y cada día más cerca de convertirse en un entrenador más. Ni acierta con sus decisiones, ni con sus declaraciones. Durante una década, el Cholo ha sabido potenciar las virtudes de los jugadores y esconder sus defectos. Ahora el proceso se ha invertido. Simeone está potenciando los defectos de sus jugadores y esconde sus virtudes.
Detrás de Simeone, más escondida de lo razonable, asoma la plantilla, que es la mitad de buena de lo que vende la prensa y mejor de lo que estos futbolistas demuestran en el campo. Es una plantilla descompensada, con lagunas y con posiciones cogidas con alfileres. Sacando de la ecuación a Reinildo, que llegó como un parche de emergencia y es el mejor bombero en cada incendio, el panorama en defensa es una película de miedo. Witsel (mediocentro) juega de central porque los dos titulares (Giménez y Savic), se pasan la vida lesionados o sancionados. Esas bajas prolongadas e irritantes son vasos comunicantes con el resto de la zaga, donde juega un señor al que se renovó después de un año infame (Felipe) y otro que alterna goles decisivos con errores groseros (Hermoso). Llorente, que no es lateral, juega de lateral porque Molina, petición de Simeone, está defraudando. Carrasco y Saúl juegan de carrileros porque el único lateral que tenía el equipo se fue cedido a un equipo de la Premier, en aras del Mundial. Su sustituto, cedido y lesionado (Reguilón), está fuera de combate. El Atleti era una roca y ahora es un chollo. ¿Fichar centrales? Pasapalabra.
El gran problema llega en el mediocampo. Ni hay energía, ni intensidad, ni distribución, ni sentido común. Kondogbia, que el curso pasado fue de los mejores, juega menos de lo que sus condiciones físicas aconsejan. Koke, santo y seña del club, hombre de confianza del Cholo, está lejos de su mejor versión. Llorente, que un día es lateral y al otro volante, está a años luz de su exuberancia. Lemar, al que Simeone rescató de su inoperancia, ha vuelto a ser un jugador que resta más de lo que suma. De Paul, que iba a ser la pieza definitiva para dar el salto de calidad, es un misterio sin resolver. El mediocampo del Atleti es un engendro inclasificable que juega por inercia y que sigue a la deriva. Es un 'huevo' Kinder. Nunca sabes lo que te va a tocar hasta que lo abres.
Lo de arriba. La gente confunde la nómina de excelentes (presuntos) delanteros, con tener la “mejor plantilla de la historia”. La realidad es que 17 equipos de Primera matarían por tener a Joao, Morata, Correa, Griezmann y Cunha, pero la realidad es bastante diferente de la que nos pintan. La realidad es que ninguno es titular indiscutible, que hacen menos goles de los que deberían y que ninguno de los citados jugaría como titular en el Madrid o el Barça, con todo el respeto del mundo. La realidad es que un día pinta bien Morata, que al otro hace un arabesco Correa, que al siguiente brilla Griezmann, que al otro marca Cunha y que Joao Félix es puro talento, pero que ninguno de ellos tiene la personalidad necesaria para sostener al equipo y liderarlo. La realidad es que Simeone tiene cartas para atacar mejor, pero no les saca partido porque este equipo ni sabe atacar, ni defender, ni tiene mediocampo.
La verdad es que Simeone dirigió grandes películas con actores de reparto. Y que ahora dirige (presuntos) mejores actores en películas cada vez más pequeñas. La verdad es que Simeone siempre tenía una solución para cada problema y ahora convierte cada solución en problema. La verdad es que el Atleti del Cholo antes ganaba a cualquiera y ahora pierde con cualquiera. La verdad es que el Atleti antes tenía hombres y ahora tiene nombres. La verdad es que la fuerza del Atleti consiste en levantarse después de cada paliza, aunque no tenga ganas de hacerlo, y que ahora el Atleti ha convertido esa capacidad de levantarse porque empieza a sentirse más cómodo... cuando se queda en el suelo. El Atleti se ha cansado de ser el Atleti.
Esto es lo que hay. Sin dramas. Con respeto y con memoria, incluso con agradecimiento eterno por lo vivido, pero si el Atleti se ha cansado de ser lo que era, no se lo puede permitir ni un minuto más. De Simeone se espera que vuelva a ser Simeone. De los jugadores, que se pongan de una vez por todas a la altura de la afición. De la directiva, que fiche de una vez un par de centrales sanos si quieren entrar otra vez en Champions como terceros. Y de la gente del Atleti no hay que esperar nada, porque siempre lo dan todo sin esperar nada a cambio. Su rutina se repite. Es lunes, se ha perdido y se va al trabajo y al colegio, como siempre, con la camiseta. Esa gente nunca se cansa de ser del Atleti.
Rubén Uría
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