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Autobús Atlético de Madrid Real SociedadTwitter

Quizá para mañana sea tarde

Un cafre lanzó una barra de PVC a la cabeza de un jugador del Sevilla y el derbi sevillano tuvo que aplazarse. No pasó en Zambia, ni en Sri Lanka, sino en España, en el siglo XXI. Días después, los autobuses que formaban parte de la expedición del Atlético de Madrid fueron salvajemente apedreados por cientos de vándalos que no representan a la Real Sociedad porque no se representan ni a sí mismos. Piedras, mecheros y botellas llovieron sobre el autobús del Atleti, que fue el blanco fácil de un acto repudiable, vergonzante y asqueroso, porque pudo haber provocado una auténtica desgracia. No pasó en Zambia, ni en Sri Lanka, sino en España, en el siglo XXI. La expedición del Atlético pasó miedo. Motivos tenía. Se produjeron iImágenes tétricas, condenables e injustificables, porque la violencia no se puede condenar bajo el pretexto facilón de ninguna bandera, bufanda o color. Imágenes que no se pueden volver a repetir. Es difícil comprender cómo se pudo llegar a eso cuando este era un encuentro declarado de alto riesgo por las autoridades y más cuando, por mucho tiempo que haya pasado, aún está presente el lamentable y vil asesinato de Aitor Zabaleta en las inmediaciones del Vicente Calderón. Teniendo en cuenta ese caldo de cultivo, resulta del todo punto incomprensible que las medidas de protección no fueran las necesarias para garantizar la seguridad de la expedición colchonera.

A pesar de que el Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco ha asegurado que la Ertzaintza protegió adecuadamente el autobús del Atlético de Madrid (¿?), las imágenes dicen justo lo contrario. Están ahí y los vídeos, que todavía crepitan en las redes sociales, también están ahí. Quien tenga dudas que los consulte. Ahí también se puede apreciar cómo Diego Pablo Simeone enmendó la plana a los encargados de la seguridad que, por los motivos que sea, no hicieron bien su trabajo. Porque por más que se repita, por activa y por pasiva, que Simeone se encaró con esos "aficionados", lo que hizo el entrenador del Atlético fue denunciar que las medidas de protección habían sido insuficientes. Sin demora, con contundencia y elegancia, el alcalde de San Sebastián ha condenado la cafrada, mientras que Imanol Alguacil, técnico "txuri-urdin", ejerció de magnífico portavoz del club pidiendo perdón por los lamentables hechos sucedidos. Chapeau. Bien hecho. Falta escuchar a los presidentes de ambos equipos, a Antiviolencia, y no estaría de más un comunicado oficial condenando los hechos y si me apuran, que compareza la AFE también para exigir las condiciones de seguridad que sus afiliados deben tener.

Ahora falta identificar a los cabestros, investigar por qué no se protegió como se debía al autobús del Atlético, por qué este país se paraliza a nivel mediático cuando un idiota tira un palo y no se condena con la misma energía que cientos de vándalos hayan apedreado un autobús. No todo es cuestión de puntería. No puede serlo. O por qué las redes sociales están siendo el escondite ideal de una serie de individuos que, bajo el manto de anonimato que les tapa y con la abominable excusa de defender a su equipo, sea el que sea, están amplificando una espiral de odio que un día acabará explotando. Si está rebrotando una violencia que el fútbol español no puede consentir que siga creciendo ni un día más, hay que atajar todo esto de raiz. Pero ya. Entre otras cosas porque, como cantaba el gran José Luis Perales, quizá para mañana sea tarde.

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