El 4 de noviembre se definirá la Copa Libertadores con la final que disputen Fluminense y Boca. Y la sede, como estaba programado desde hace meses, será el Maracaná, aunque por algunas horas se especuló con una posible mudanza de la sede por algunas cuestiones que ocurrieron en Río de Janeiro y que involucraron también a Flamengo.
Este jueves 19 de octubre se celebró una reunión virtual entre dirigentes de CONMEBOL y representantes de los finalistas, entre ellos Juan Román Riquelme, para resolver algunos detalles organizativos del partido y, además, despejar los rumores de un posible cambio de escenario, tema que surgió desde la misma prensa carioca.
Las versiones tuvieron que ver con un pedido de la Confederación Sudamericana de que no se utilice el estadio en las dos semanas previas al partido para preservar el campo de juego, pero esto afecta directamente al Mengao, que pidió hacer de local en su estadio el 28 de octubre contra Bragantino, con el aval de la CBF.
Y el trasfondo de la historia también es político, porque si bien el Maracaná es propiedad del estado de Río de Janeiro, se encuentra concesionado tanto al Fla como al Flu, pero la abismal diferencia económica entre las instituciones hace que el Rubronegro sea quien mantiene la infrastructura y, a través de eso, presiona para usarlo cuando lo disponga.
Finalmente, la medida fue la de no realizar modificaciones y todo se disputará de la manera que estaba programado, mientras CONMEBOL busca llegar a un acuerdo con las partes.
