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Pedri BarcelonaGetty Images

Pedri eleva al Barça al segundo puesto

Recibió el balón de Dembélé en la zona de la mediapunta. Lo paró. Se la colocó en la zurda para el disparo y armó la pierna. Pese a ser su pie menos bueno, Ivan Rakitic picó y se tiró al suelo para evitar el chut. Pero mientras el croata caía al césped, Pedri fintaba hacia la derecha. El balón ya estaba en su mejor perfil para buscar portería, por lo que Diego Carlos se lanzó con todas sus fuerzas para tapar el disparo del centrocampista canario. Pero tampoco le pegó. Volvió a fintar, como si pudiera para el tiempo generándose el espacio adecuado para poder dirigir la pelota entre los tres palos. Todos picaron, hasta que Pedri eligió el momento preciso, el instante perfecto en el que debía lanzar lejos del alcance de Bono para que todo el estadio explotara en un grito de euforia. Golazo.

Pedri lo hace todo bien. Es el jugador ideal para el Barcelona de Xavi Hernández. El cuerpo técnico le adora. Comete los mínimos errores, está en casi un 100% de acierto en todas sus acciones, tanto ofensivas como defensivas. Y en lo que se equivoca, lo analiza, lo reconoce, lo integra y lo ejecuta. Cada día es mejor jugador. Y está empezando a marcar, incluso goles decisivos como el que anotó en Turquía ante el Galatasaray, también fintando dos veces dentro del área, y el celebrado este domingo ante el Sevilla, que lleva al Barça hasta el segundo puesto de LaLiga. "Pedri, Pedri", gritó el Camp Nou mientras hacía reverencias al jovencísimo jugador canario, recordando ese cántico que durante tantos años recibió Leo Messi. "Cuando digo que es un jugador superlativo lo digo porque de la manera que jugamos, entiende el juego y el espacio-tiempo como hay pocos que lo pueden hacer", pronunció Xavi tras la obra de arte del centrocampista.

Cuando el técnico egarense cogió las riendas, el primer equipo masculino del Barcelona era séptimo en la clasificación de LaLiga. Había firmado 21 puntos en 14 partidos oficiales y sumaba 21 goles a favor. Parecía que la situación era irreversible y lo había reiterado Ronald Koeman, el entrenador que inició la primera temporada sin Messi en el césped. "Es lo que hay", repitió en ruedas de prensa previas y post-partido. No había manera de sacar al equipo de allí, las competiciones estaban lejos y la fase de grupos de la Champions League se complicaba habiendo ganado únicamente dos partidos, ambos ante el Dinamo de Kiev y por la mínima. Estábamos a finales de noviembre, el Barcelona se descolgaba en los dos grandes torneos y nadie intuía dónde estaba el fondo del pozo. ¿Se había tocado fondo o todavía quedaban por ver más decepciones?

Cuatro meses después, el Barça es otro equipo. Tras la victoria al Sevilla, los catalanes son segundos en la tabla. El mercado invernal ayudó a ganar gol con los fichajes de Aubameyang y Ferran Torres, pero el conjunto cambió por completo. Antes de Xavi, el Barcelona no ganaba ni un partido grande. Perdió ante el Atlético de Madrid en el Wanda y ante el Real Madrid en el Camp Nou y empató frente al Sevilla en el Pizjuán. De hecho, los culés perdieron los últimos cinco Clásicos. Pero todo cambió con el nuevo entrenador. El conjunto blaugrana no solamente compite a un altísimo nivel, sino que domina sus partidos, somete a sus rivales y suma muchos más puntos que los acumulados hasta la llegada del técnico de Terrassa. Antes de Xavi, 21 puntos y 21 goles en 14 partidos. Con Xavi, 40 puntos y 38 goles en 17 partidos. Goleó al Atleti, al Valencia, al Athletic e, incluso, le metió cuatro al Madrid en el Bernabéu. La diferencia es abrumadora y la comparación, odiosa.

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