Corrían los primeros compases del Atlético de Madrid-Athletic Club cuando un córner lanzado desde la parte izquierda sobrevoló el área colchonera para que irrumpiera Íñigo Martínez de manera poderosa y conectara un cabezazo que se colaba irremediablemente en la portería rojiblanca.
Pero ahí apareció Jan Oblak, para volar de un palo a otro y estirarse para desviar lo justo con las yemas de los dedos y salvar el primer gol.
Además se mostró muy seguro por alto como viene siendo habitual, algo fundamental para dar tranquilidad a su equipo en las jugadas a balón parado. Incluso antes del descanso voló de nuevo para evitar el gol a un lanzamiento durísimo de Raúl García que el esloveno envió a córner.
No son nuevas las actuaciones estratosféricas del portero esloveno que ha ganado el trofeo Zamora a guardameta menos goleado en las cuatro anteriores temporadas y va camino de ganarlo de nuevo. Solo ha encajado cinco goles en los primeros nueve partidos, con un coeficiente de 0,56 tantos por partido.
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Esta temporada ya ha regalado varias paradas de mérito a sus aficionados. Una a Kroos y otra a Benzema en el derbi, otra mano abajo a Parejo que hubiera supuesto la victoria del Valencia hace unos días o la doble parada a Krychowiak en Champions. Nada nuevo para un portero que como dijo tras el encuentro ante el Real Madrid, hace “paradas básicas”.




