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Ruben Uria BlogGoal

"Orgullosos de no ser como vosotros"

No es hora de templar gaitas, sino de alinearse. Así que, como el tamaño de la porquería ya es directamente proporcional al enorme crecimiento de un club que, antes de Simeone, vivía empachado de mediocridad, no parece mala idea echarse al monte, al menos ideológicamente, para saber de dónde venimos y sobre todo, a dónde vamos. No se trata de caer en la tentación de repartir carnés de buenos y malos atléticos, pero sí de enfrentrar dos posturas: a un lado, la realidad de un club que no para de crecer y que cuando no gana, debe apelar a la autocrítica, que nunca ha estado de más en el Atleti; al otro, el relato tóxico de un club, prefabricado por los nostálgicos de aquellos tiempos felices en los que se peleaba por no bajar y se quedaba KO en Copa ante un Segunda B, días de vino y rosas para todos aquellos medradores que hoy, caretas y vergüenza fuera, le niegan al Cholo el pan y la sal.  

Los primeros, los que viven la realidad del Atleti, saben de dónde se viene, a dónde se va y cuál es el camino para seguir creciendo. Los segundos, los que se creen que el Atleti es lo que les dicen los poderes fácticos, pican el anzuelo mediático y son presa fácil para la carnaza de los telepredicadores: “Esta es la mejor plantilla de la historia”, “al Atleti hay que pedirle que juegue mejor”, “ya no es el equipo del pueblo”, “hay equipo para ganar a Madrid y Barcelona” o “hay equipo para ganar la Champions y la Liga”. Y por supuesto, de propina, ya saben: saque un delantero, dos, tres o ninguno, “Simeone, cagón”. Su dicurso pacato, mentiroso y zafio, pero repetitivo, hay que reconocerlo, ya ha calado entre algunos atléticos. Es un hecho.

La onda expansiva de la soplapollez de los telepredicadores, a los que el Atleti les importa la mitad de un uñero de José María Gutiérrez “Guti” y un padrastro de Edwin Congo, ha bañado las playas colchoneras. De tal guisa que ya no sólo hay quien discute un cambio, una alineación o un sistema, algo saludable y muy lógico, poque toda crítica es necesaria. No, ahora hay mucho más que eso. Ahora, como las cucarachas, nacen, se reproducen y mueren – tras cada victoria vuelven a su cueva- una legión de desmemoriados, de soberbios niños rata, de nuevos ricos, de entrenadores de redes sociales que dan lecciones tácticas al tipo que cambió la historia del club y de presuntos cholistas que ven un micrófono y se tiran de cabeza para salir por la televisión vomitando sandeces. Vivir para ver.

Resulta perfectamente compatible criticar el juego puntual del equipo con reconocer su mérito incuestionable estos años. Hay quien confunde la crítica con el insulto. Y quien desea camuflar de sano debate futbolístico lo que, en realidad, es una suerte de persecución mediática personal hacia el Cholo. Es igual. Cada uno escoge su manera de sentir el Atleti. Unos van a alegrarse o sufrir toda la temporada de la mano de un entrenador que ha cambiado la historia del club y sabe lo que se hace. Otros van a vivirla aferrados al cartón piedra de “la mejor plantilla de la historia” y aquello de “Simeone cagón”. Algunos llevan años presumiendo de estar “orgullosos de no ser como vosotros” y resulta que cada día que pasa, se parecen más a esos a los que critican.

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