Hace falta ser un auténtico insensible para que no se te encoja el corazón comprobando hasta qué punto la estupidez humana no tiene límites. En estos momentos de crispación, desasosiego y enésimo fracaso del ser humano como tal, la frase de Paul Valéry se ha vuelto viral en las redes sociales: "La guerra es una masacre entre gentes que nose conocenpara provecho de gentes que síse conocen pero no se masacran". La maldita guerra, otra vez. Y con ella, los daños colaterales y efectos secundarios que están afectando al deporte y por supuesto, al fútbol. Y aquí es donde uno quería llegar. Si el fútbol es el mejor relato de la vida, si el fútbol emociona a millones de personas, si el fútbol es el altavoz más potente para la sociedad, si el fútbol debe ser un ejemplo para miles de niños del planeta y si el fútbol es una fábrica de sueños, el fútbol, que es la cosa más importante de las cosas menos importantes, no puede mantenerse imposible ante la barbarie y crueldad de una guerra. De cualquier guerra. ¿Y por qué digo esto? Pues sencillo. Porque uno, que ya se conoce a sus clásicos, huele a kilómetros lo que está por llegar. Este fin de semana regresa LaLiga. Habrá partidos en Primera y Segunda, aquí nos olvidaremos del impacto de los misiles, de la miseria, de la codicia, del sufrimiento de muchos y cantaremos goles, festejaremos victorias y disfrutaremos jugadas.
Y ahí, en el calor de esa jovialidad, de esa fiesta popular que es el fútbol, será sencillo que uno, dos, tres o tropecientos futbolistas, que también son personas, quieran ejercer su derecho a la libertad de expresión, manifestando su rechazo a una guerra absurda, patética y lamentable. Habrá quién marque y debajo de su camiseta muestre un mensaje universal de "No a la guerra". Habrá algún jugador con conciencia social que quiera hablar de los horrores de este conflicto armado, habrá algún entrenador que se solidarice con las víctimas. Y a buen seguro, habrá protagonistas del deporte rey que, en nuestro país, quieran mandar un mensaje de apoyo a los que sufren, porque saben que los partidos y los resumenes de los goles trascienden las fronteras. ¿Y saben qué puede pasar si eso sucede? Pues lo de siempre. Que el artículo 91 del código disciplinario del reglamento, el que deben hacer cumplir los árbitros, en relación a festejos y celebraciones dice, textualmente, lo siguiente: "El jugador, que, con ocasión de haber conseguido un gol o por alguna otra causa derivada de las vicisitudes del juego, alce su camiseta y exhiba cualquiera clase de publicidad, lema, leyenda, siglas, anagramas o dibujos, sean los que fueren sus contenidos o la finalidad de la acción, será sancionado, como autor de una falta grave, con multa en cuantía de hasta 3.000 euros y amonestación". Así están las cosas.
Y quien esto escribe, que no es nadie, que no tiene ninguna fuerza y que debe tener un sentido estúpido de lo que significa la palabra libertad, sólo le pide a los jugadores, a los entrenadores, a los clubes, a los espectadores y a todo el mundo del fútbol que, por favor, por una vez y sin que sirva de precedente, mande ese reglamento a freír espárragos, porque lo primero es lo primero. Quien este fin de semana quiera decir "No la guerra", que lo diga bien alto y claro. Si los árbitros castigan este tipo de gestos con una tarjeta amarilla, porque entienden que es su deber, adelante. Si después los protagonistas tienen que pagar una sanción por mostrar su apoyo para que cese esta estúpida guerra, adelante. Ojalá mil goles, ojalá mil mensajes contra la barbarie, ojalá mil tarjetas amarillas esta jornada y ojalá y mil multas este fin de semana. Ojalá. Qué bonito sería que, por una vez, por una maldita vez y por una causa justa, el ser humano olvidase la letra pequeña de sus normas en favor del sentido común. Si el fútbol es un altavoz mundial, si el fútbol debe ser ejemplo de miles de niños, si el fútbol es una fábrica de sueños y si el fútbol es la cosa más importante de las menos importantes, dejen que el fútbol pueda dignificarnos como sociedad y gritar bien alto: "No a la guerra".
Rubén Uría
.jpg?auto=webp&format=pjpg&width=3840&quality=60)