Se dio lo inevitable. Después de una dilatada negociación que tuvo varios capítulos de ires y venires, América de Cali y Juan Carlos Osorio llegaron a un acuerdo, el cual ya fue firmado, para terminar el contrato inmediatamente.
Una salida que estaba cantada desde hace varias fechas atrás, cuando el Diablo Rojo quedó eliminado de la Copa Sudamericana ante Medellín y ante los flojos resultados del equipo en el campeonato local, pese a que el arranque había parecido prometedor.
Una salida que era pedida por la hinchada del cuadro Escarlata incluso desde el semestre anterior, luego de fracasar en la Copa Sudamericana, Copa, Superliga y Liga, que llegaron a poner en riesgo la integridad física del técnico, pues las protestas de la afición en el estadio Pascual Guerrero estaban caracterizadas por agresiones verbales, lanzamiento de objetos y salidas de Osorio en medio de la custodia policial.
Una salida fraguada mediáticamente por la propia directiva del cuadro americano, con declaraciones y fuertes críticas públicas a la manera en la que Osorio gestionaba al equipo, que evidenció la fractura interna entre las partes, la cual inició con la llegada de los refuerzos para este semestre, pues poco se tuvo en cuenta la opinión del técnico al respecto.
Y una salida necesaria para las partes, pues el desgaste no daba para más y de proyecto deportivo no quedó absolutamente nada. América se hacía daño con Osorio y Osorio se hacía daño con América. El divorcio era la única salida para un relación venida a menos y que se quedó con la expectativa de lo que pudiera hacer el entrenador que intentó revalidar su nombre tras fracasar en Atlético Nacional y Paraguay.
Comunicado oficial de América de Cali:



