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Rafa Benitez Valencia

No supimos entender aquellos títulos

Hoy hace 20 años el Valencia CF se proclamaba campeón de la Liga en la Rosaleda de Málaga y lo hacía con un equipo de guerreros, de muy buenos futbolistas, pero al fin y al cabo, un equipo en el que nadie pensó como posible campeón cuando arrancó aquella temporada, pese a que venía de jugar dos finales de Champions League.

Aquel equipo, hoy 20 años después, sigue siendo un gran orgullo para el valencianista y lo será por los siglos de los siglos, porque como rezaba aquella pancarta que se le colocó a Benítez cuando volvió a Mestalla con el Madrid, ‘GRACIAS POR REGALARNOS LOS MEJORES AÑOS DE NUESTRAS VIDAS’.

Aquel Valencia CF nos hizo muy felices. Recuerdo aquella etapa de mi vida, rozando ya la mayoría de edad y empezando a soñar con ser periodista, sin dejar de lado el sueño de meter goles en Mestalla, y me embriaga una nostalgia que tiene mezcla de alegría y de tristeza. Por lo que viví y lo que me recuerda y por saber que aquello ya no vuelve y difícilmente volveremos a ver algo similar en el medio plazo.

Aquel Valencia CF de Benítez era una apisonadora. Un equipo rocoso, de los mal llamados ahora automatismos, que jugaba de memoria. Que tenía cuatro centrales descomunales, Ayala, Pellegrino, Marchena y Djukic, casi nada al aparato. Dos porterazos, un centro del campo que hoy no habría dinero para comprarlo y al que le faltaban delanteros de 20 goles pero que con los que tenía, sumaban para que aquel 5 de mayo en Málaga se consumara el bombazo.

Recuerdo aquel día como si fuera ahora mismo. Desde que me levanté, me había acostado tarde, y jugaba un partido en el antiguo cauce del rio, y perdimos 2-1. Pero el partido importante era por la noche y ese lo quise ver en silencio y en una pequeña TV que tenían mis padres en casa. Lo vi sólo. Algo raro en mí, porque siempre me gustaba ver el futbol en compañía. No voy a contar el resto, porque es historia y cada uno tiene la suya. Sin duda, fueron los mejores años de nuestras vidas.

Ahora bien, con el paso de los años, el haber conocido en la profesión a gran parte de aquella plantilla y haber visto el desmembramiento de aquel super equipo y lo peor, como se ha hundido el club, siempre he tenido una teoría. Aquel Valencia de Benítez nos hizo vivir una irrealidad como club que pese a ser lo máximo no se supo gestionar para crecer de verdad.

El Valencia CF no es un club destinado a ganar Ligas cada dos años, ni cada tres, es un club destinado a ganar una Liga cada 10 o 15 años, de hecho, en dos años habrán pasado 20 de la última. Aquel Valencia CF se metió una presión equivocada y se utilizó desde un prisma erróneo. A partir de aquel 2004, ser segundo no valía, y se aumentaron los gastos sin control en ese intento absurdo de querer competir por ganar todos los años y encima hacerlo sin respetar nuestro ADN, ese de verdad y no el impostado que ahora vende Meriton.

El club cayó en manos de un niño de papa, como era Juan Soler, que, en su afán por ganar títulos, no dudó en dilapidar ingentes cantidades de dinero en fichajes absurdos y que destrozaron a la entidad y lo sumieron en una deuda incontrolada, para que le se terminó buscando una venta a la que acudió un especulador, disfrazado de amante del fútbol. Todo era mentira y lo ha terminado pagando el club y sufriendo la afición, como siempre.

Llama poderosamente la atención que los mismos que defendieron aquella gestión, sean los que ahora defienden con más ímpetu como otro hijo, esta vez de pescador, está terminando de hundir al club.

Hoy será un día de recordar aquel 5 de mayo de 2002 y de añoranzas. Aquello ya pasó y lo disfrutamos, pero también lo sufrimos por no saber donde estábamos y porque nadie puso la cordura para haber aprovechado aquel tirón a nivel de crecimiento de marketing, de imagen en Asia, EEUU, y para haber hecho un club sólido que jugará 10 años seguidos la Champions. Pero no se supo, no se entendió la realidad y lo pagamos carísimo.

Ojalá pronto seamos capaces de ver un Valencia CF alejado de Lim y acercado a la esencia del de Benítez. Sabiendo quien somos y cual es nuestro camino.

Héctor Gómez

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