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Athletic Club MuniainGetty Images

No hay Zavalitas en el Athletic

Firma Lartaun de AzumendiGoal

Los hay que pasan por el orbe de puntillas, enganchándose a las certezas que les son amables, muchas de las cuales tienen los pies de barro. Son personas que gustan de renunciar a las preguntas porque conciben un universo propio jalonado de escasas respuestas. Se arrellanan en el confort que provoca refocilarse en la uniformidad que aporta el grito común, el canto heredado de quienes antes que ellos encarrilaron unos deseos similares, unos temores compartidos, un credo distintivo. A algunos los parapeta la historia. A otros, sin embargo, el fulgor de su presente. El problema, como en tantas ocasiones, radica en no revisarse uno mismo. En no advertir jamás la necesidad imperiosa de cuestionarse en qué momento se había jodido el Perú, como sí hiciera Zavalita desde el teclado de Vargas Llosa.

No hay Zavalitas en el Athletic. La grisura del panorama que se dibuja desde los cuarteles generales de la entidad rojiblanca, parece haber permeado en cada uno de los demás escenarios del club. El tiro de gracia, si es que hacía falta que se diera alguno, se hizo presente en forma de mensaje de WhatsApp hace escasas fechas. En él, el presidente del club, afirmaba no soportar tener que pedirle (al receptor de la comunicación) más favores. En el palacio de la calle Mazarredo, rogando, suplicando, implorando se hallaba la pasada semana uno que se va.

A partir de esa desnudez mostrada sin ambages por el primus inter pares rojiblanco, nada debería poder extrañar por más que el escenario en el que esté sucediendo el despiece sea tan tradicional y hierático como el Botxo y sus estribaciones.

El fútbol del primer equipo ha encontrado acomodo en una mediocridad tan feroz, que guarnecidos detrás del trampantojo que supone haber empalizado la línea defensiva, las voces disonantes que pedían la cabeza del técnico anterior en lo alto de una estaca, solamente susurran la impertinencia de un momento deportivo que no se sostiene y menos que se sostendrá. Donde uno ve ramplonería, el chamán de la tribu hace referencia a dinámicas. En el lugar en el que un día tras otro se apostan los mismos soldados tras descalabros similares, se construyen relatos en torno a que el equipo compite muy bien.

La dirección deportiva ofrece por toda respuesta un denso silencio, roto solamente en su antigua casa, donde como única aparición cada media docena de lunas, afirmaba que (esta vez) no necesita un 9, que ya tiene uno, otro en el filial y uno más en el Basconia. Y, cómo no, también se abrazaba a la vela mayor de que el equipo tendría que tener algún punto más.

Desde la soldadesca, ninguna novedad, mi capitán. Anoche, Lekue se animaba a entonar un himno cuyo estribillo rezaba como sigue: “Nos queda ese acierto. Que hay veces que estás de que no entra, que no entra, que no entra... seguiremos generando, seguiremos yendo, seguiremos centrando, seguiremos chutando y así llegan los goles, no hay otra manera”. Tocando el flabiol para que no lo pesquen en orsai, vamos.

No hay Zavalitas en el Athletic. Aunque durante las próximas dos semanas va a haber hasta tres oportunidades para comprobar si los dueños del club deciden reivindicarse como tales o beti zurekin. Que todo puede ser en este fútbol de pandemia.

Lartaun de Azumendi

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