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Nacho Real Madrid Sevilla LaLiga 14052017Getty

Nacho Fernández, abanderado del Real Madrid


OPINIÓN

El Real Madrid arrolló este domingo al Sevilla (4-1) en lo que era su antepenúltima final por el título de Liga. Un encuentro muy espinoso que empezó a encarrilarse gracias a una pillería de Nacho Fernández. Una falta centrada al borde del área que acabó en gol, mientras que todos los jugadores del Sevilla miraban al tendido. Porque el zaguero estuvo más listo que nadie. Y también porque estuvo más concentrado que nadie. Una clásica acción de ratón del área, de goleador acostumbrado a enfocar siempre la puerta rival… pero en este caso provino de un defensa, uno que hacía de lateral izquierdo además, y uno que viene siendo ‘ninguneado’ desde hace tiempo por prácticamente cada entrenador que pasa por el banquillo blanco. Sin embargo, fue Nacho quien embocó a gol, dándole un pedacito de Liga al Real Madrid.

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Nacho tiene un problema. O varios. Nacho no tiene un nombre mediático, le costó cero euros al Real Madrid porque provino de la cantera –a la que entró en benjamines-, no acapara portadas porque no es ni excéntrico ni polémico, e incluso sus compañeros se sorprenden porque sigue viviendo en Alcalá, su ciudad natal. Ese es Nacho. Un tipo normal, familiar y extremadamente profesional. Un enamorado del fútbol sin tener que serlo de lo que rodea al fútbol. Y quizás por todo ello, por no mimetizarse con este circo, el gran público y sus propios entrenadores le tienen en menor consideración de lo que seguro se merece.

Y Nacho ha competido siempre contra ese hándicap, pero siempre tuvo claro también lo que quería ser, y que debía alcanzarlo sin tener que cambiar lo que es en esencia. Una visión romántica, casi utópica en estos tiempos modernos. Pero quizás este domingo consiguiera cumplir por fin con su cometido en cierta manera. Al menos, en lo que se refiere al reconocimiento del gran público.

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Y es que después de marcar el primer gol, el gol de pillo, el Bernabéu coreó varias veces su nombre. Empezó como una iniciativa algo tímida, pero pronto se sumó todo el estadio. Los aficionados no vieron a Nacho jugar en el Vicente Calderón el miércoles, aunque estaba en mejor forma que Raphael Varane. Ni tampoco le vieron en otros tantos y tantos partidos grandes, pese a su efectividad. Pero el público ya no lo necesita para saber lo que puede dar el ‘6’ blanco y lo que está haciendo para el Real Madrid.

Sin ir más lejos, el miércoles después de quedarse sin minutos ante el Atlético en una decisión más que debatible, fue precisamente Nacho el que desplegó la bandera del Real Madrid en el Vicente Calderón. Sin rencores ni miramientos por haber vivido la clasificación desde el banquillo, como quizás hubieran hecho otros en muchos otros equipos. Es el primero que suma, desde el campo y desde el banquillo. Y su ejemplo, como el de otros, ha calado en ese vestuario. Desde su humilde posición –en el sentido más estricto de la expresión-, es uno de los abanderados del espíritu de este Real Madrid: luchador, solidario, entregado, profesional, madridista, y además, con mucho talento. La ovación seguramente llegue incluso tarde para todo lo que se mereciese. Pero al menos llegó. Por fin. Era de justicia.

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