La ciudad de Málaga, en el sur de España, ha sido escenario de un trágico suceso que ha conmocionado al mundo del deporte, tras la muerte del exmatador Ricardo Ortiz, de 51 años, a causa de una cornada mortal propinada por uno de los toros en la plaza de La Malagueta el viernes por la noche, durante los preparativos de una corrida tradicional inspirada en la obra del artista mundial Pablo Picasso.
La empresa organizadora del evento, «Lances de Futuro», anunció en un comunicado oficial que Ortiz participaba en la descarga de los toros en la plaza cuando uno de ellos lo sorprendió y lo atacó violentamente, lo que le provocó una herida mortal que le causó la muerte en el acto.
La empresa expresó su profundo pesar y sus condolencias a la familia del fallecido, y confirmó que el accidente se produjo en circunstancias trágicas e imprevistas.
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El evento que se estaba preparando se conoce como «la corrida picassiana», una corrida de toros tradicional que se celebra anualmente el Sábado Santo durante las vacaciones de Semana Santa, y se caracteriza por un estilo artístico especial inspirado en la obra de Picasso, quien nació en Málaga y era un apasionado de las corridas de toros, tema recurrente en sus cuadros y obras de arte.
El fallecido Ricardo Ortiz procedía de una familia con una larga tradición en el mundo de la tauromaquia. Se retiró de la profesión hace más de veinte años, pero siguió vinculado a ella a través de su trabajo en la gestión de los toros dentro de la plaza de toros principal de la ciudad, con capacidad para unos 9.000 espectadores.
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El trágico accidente ha vuelto a poner de relieve los grandes riesgos que conlleva esta antigua tradición española, que sigue suscitando un amplio debate entre sus defensores y detractores.
Mientras que algunos lo consideran un arte tradicional arraigado en la identidad española, otros lo ven como una práctica cruel y bárbara que no encaja con los valores de la era moderna.
Los datos del Gobierno español indican que el país acoge anualmente alrededor de 1500 corridas de toros, que suelen coincidir con festividades religiosas, a pesar del descenso de su popularidad en los últimos años.
El último torero profesional que perdió la vida durante una corrida oficial fue Víctor Barrio en 2016, en la ciudad de Teruel, al este del país.
Las autoridades locales de Málaga han abierto una investigación para esclarecer las circunstancias del suceso, mientras que el dolor se ha apoderado de la ciudad, que se preparaba para una celebración artística y cultural excepcional y que, de repente, se ha convertido en un día trágico en la historia de la tauromaquia española.
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