Anoche Mestalla vivió uno de esos momentos que no olvidará nunca. Y sí, no estoy exagerando, creo que el gol de Javi Guerra tendrá una trocito de historía y será recordado cuando haya que escribir el libró del 125 aniversario por ejemplo, porque estoy convencido de que va a ser el gol de la salvación. Pero todavía me parece más importante que fue un gol que se va a colar directo en esa hemeroteca que tenemos cada uno de los valencianistas, donde guardamos momentos especiales en Mestalla. Ese rinconcito que tenemos en nuestra cabeza para goles especiales y que vienen a la memoria cíclicamente.
El nano todavía no es consciente del gol que hizo anoche y no hablo de ejecución, porque calidad tiene toda la del mundo y presencia, solo hace falta verle la planta. Guerra salvo anoche una bala que iba directa al corazón del escudo. Sin ese gol y con 31 puntos que se hubiera quedado el equipo en la tabla, más la visita a Cádiz, pienso que las opciones de permanencia hubieran disminuido sensiblemente. Ahora, con 33 se va a Cádiz con otra sensación y si se consiguiera ganar allí se hablaría de salvación virtual a falta de una victoria, pero también un punto sería bueno en la pelea por salvarse.
El gol de Guerra estoy seguro que será recordado mucho tiempo y no sólo por sus familiares que sé que lloraron en la Tribuna del Mestalla, será recordado por un estadio entero. Por una afición entera que anoche soltó con ese gol toneladas de miedo, de angustia, de ansiedad, de soledad, de rabia contenida. Sí, de mucha rabia contenida hacía una máximo accionista que ha asesinado a un club enorme y lo tiene en la UCI. Señor Lim, usted no sabe lo que se ha perdido no queriendo ser de alguna manera una pequeña parte de los nuestros, porque con poco lo hubiera sido.
Ese grito al cielo de los 42.000 que estaban en Mestalla, más los miles que lo sufrieron desde la distancia, fue un grito de ‘lo vamos a salvar’, lo vamos a salvar nosotros, los aficionados, empujando con el alma a un equipo con tantas carencias como para merecer un descenso. Vi a mucha gente llorar cerca mía, la primera a Esther Collado que no pudo evitarlo, vi a un padre coger como si fueran dos muñecos a sus hijos y abrazarlos como un absoluto loco. Vi a miles a mi alrededor llorando y saltando en éxtasis. Pero era una locura preciosa, bien entendida, era un grito de esperanza, una sonrisa complice de un estadio que sabía que su magia iba a llegar. Porque como decía mucho Fernando Gómez Colomer al acabar el partido, Mestalla también tiene magia en los últimos minutos aunque no tanta propaganda como otros.
Al bajar hacia la rueda de prensa me abracé con al menos cuatro aficionados a los que no conocía de nada. Pero es que la gente se abrazaba entre ellos, se chocaban la mano. Y sí, sí se conocían porque en Mestalla el mero hecho de compartir escudo te hace murciélago y hermano. La victoria se celebró como los goles que han dado pases a semifinales, a finales, o que nos han acercado a Ligas. Casualidades de la vida anoche se cumplían 21 años de los goles de Baraja al Espanyol que nos dieron media Liga tras 30 años. Pues Mestalla no rugió menos porque ha sabido entender lo que le hace falta a su equipo.
La afición ha dado una lección enorme de lo que es y Peter Lim ya no tiene camino en Valencia. Puede repetir mil millones de veces que no vende, pero lo dice porque quiere 400 millones por el club. Él, sabe que se tiene que ir, aunque nunca vino, y Layhoon sabe que el juego está terminado. Los mismos que ayer sufrieron, gritaron y lloraron le van a hacer vender y eso ya es irreversible porque Mestalla es y será por siempre el dueño de ese escudo que anoche volvió a vivir una noche eterna. Eterna para los corazones y las memorias valencianistas. Amigos, no, no es sólo fútbol. Es amor y sentimiento. Es cultura y tradición. Es el puto Valencia CF.




