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Messi es Gary Cooper

22:51 CET 9/11/19
Messi Barcelona Celta LaLiga

Messi es lo mejor que hayan visto nuestros ojos. Mejor que Maradona, que Van Basten, Gullit, Baggio, Laudrup, Romario, Stoichkov, Platini, Ronaldinho, Ronaldo, Rivaldo, Raúl, Zidane, Weah, Cristiano y todos los que esta vida nos permita poder ver algún día. Es una bendición para el fútbol, sea uno del equipo que sea. Y sin embargo, el factor Messi mide el estado del Barça. Desde Berlín, el club se ha gastado más de 800 millones en contrataciones para fichar jugadores que no han mejorado lo que había, dejando al cargo de todo al de siempre, Messi. Sólo él explica la hegemonía azulgrana en Liga. Y sólo a la torpeza infinita del club alcanza para poder explicar que, con él en sus filas, la gloria europea se haya resistido en varias intentonas. Coutinho, Dembélé, Griezmann y que pase el siguiente. No importa a quién fiche el Barça, ni qué calidad tenga, ni qué precio millonario tenga. Messi soluciona problemas al tiempo que el Barça los crea.

La primera lectura del talento único de Messi es sencilla: su fútbol es un terremoto que arrasa con planes rivales, con contrarios ordenados y con equipos que, en lo coral, ponen en aprietos a su equipo. La segunda, que su fútbol, a los 33 años, lejos de empeorar, es cada día mejor. Más fino, más elegante, más preciso, más artístico y más plástico. Antes Messi era la guinda del pastel del mejor equipo del mundo. Ahora Messi es todo el equipo. Construye, pasa, remata y lidera. Domina todo. Lee el partido, estudia al rival, espera su ocasión y pasea por el verde, como un tigre adormilado que, cuando menos se espera el contrario, suelta su zarpazo. Infalible, más seguro que los impuestos y que la muerte, Messi es el principio y el final de todo en el Barça.

Antes el Barça dependía de Messi para ganar ante rivales temibles. Ahora depende de Messi para ganar cualquier partido. Antes Messi era la diferencia ante los grandes. Ahora es la única ante todos. Messi, en su versión más joven, era la chispa adecuada de un equipazo que jugaba de memoria y convertía cada partido en un incendio de talento. Messi, en su versión adulta, es el bombero que nunca se toma un día libre y acude, presto y dispuesto, para sofocar el fuego que provoca un Barça cada vez menos talentoso. Messi que empieza a estar más sólo que Gary Cooper en “Sólo ante el peligro”, en su extrema humildad, dice que no conseguiría nada sin sus compañeros. Y quizá tenga razón, porque esto es un deporte colectivo, pero uno le ve jugar y es tan grande que es imposible obviar que sostiene al equipo, sostiene a Valverde, sostiene a la directiva y sostiene a la afición.

Rubén Uría