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Argentina v Islandia

Messi entiende ser Messi mejor que nunca

2:12 CEST 16/6/18
Messi
Sólo algunos hinchas lo esperaban. Del micro bajó todo el plantel de la Selección argentina sin saludar; él fue el único que se acercó a la gente.

"¡Venimos del culo del mundo hermano!". Bajaban del micro, miraban de reojo y enfilaban hacia el hotel. Gonzalo Higuaín. Ángel Di María. El Kun Agüero. Los periodistas televisivos, sobre las vallas, relataban el habitual discurso: "Ahí baja tal, ahí está tal, ahí camina el otro". Casi no había hinchas. Solo algunos curiosos que probablemente se enteraron de rebote que la Selección argentina llegaría al Hyatt Regency, en una zona de lujo de Moscú. A medida que los jugadores desfilaban mientras ignoraban al puñado de hinchas, empezaron los gritos. Los reclamos. Hasta que apareció él. Y todo cambió.

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Vestido con ropa informal y no de la Selección argentina (bermudas beige, remera de algodón blanca), Messi se aseguró de rendirles un pequeño tributo a los argentinos que estaban en ese lugar. Selfie para uno, firma en un cuaderno a otro y autógrafo en la camiseta a una chica. De golpe, la mirada de los hinchas cambió. Su vida cambió para siempre, según gritaron. Se olvidaron rápido de Pavón, que no quiso acercarse. También dejaron de lado a Mascherano, uno de los que más gritos recibió.

A los 30, es el mejor jugador del mundo, como lo viene siendo hace muchos años, pero ahora también es el símbolo y el capitán. "¡Te amamos, sos lo más grande del mundo!", gritó uno. "¡Esto nunca lo voy a olvidar!", dijo otro. 

Saltaron. Corrieron. También lloraron. "Nos paramos ahí, pensando que no iba frenar. Venimos sin saber si era verdad. Ahora la camiseta la pongo en un cuadro. Es lo más grande y encima el más humilde", dijo Fabiana, de Córdoba.

Messi, el más querido, el más gritado, el más pretendido, parece entender como nadie lo que representa ser Messi.